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Por Rossemarie Caballero Vega para Guardiana (Bolivia)

0101

Un parque.

Me estremezco. Un parque solitario. Baldosas de barro cocido superpuestas en el suelo. Palmeras  de altas sonrisas parecen bailar al compás de la brisa de otoño. Un par de airosos jacarandás flamean sus flores violetas al tiempo que una lluvia de mariposas desciende en zigzag hasta la corola de una margarita. Bajo el cielo nublado de la ciudad se confinan las almas obedientes de las normas. Las que no pueden o no quieren obedecer se trenzan en el tumulto infectado del coronavirus. Un cucarachero parece posarse en la rama endeble del jazmín de seto.

En el murmullo de ese entramado el lobo espera a la Caperucita. Un lobo clandestino desde su vagoneta ha espiado el paso infantil de una criatura haciendo mandados. Agazapado entre parabrisas oscuros, gorra, barbijo y gafas grises dentro de una Vitara blanca, que hace juego con el color intenso de las margaritas, el lobo espera. De roja capa la nena avanza cargando una cesta para mamá. Ha ido a comprar frutas y panes en plena pandemia. El lobo se esconde detrás del tronco de un árbol dos minutos antes de que la nena empalmara hacia el sendero embaldosado del parque.

El sol ya no brilla, las sonrisas del parque han trocado en gritos de horror.

La cesta en el piso de arcilla y una rama de jazmín quebrada despiden el aroma frágil de la capuchita roja mientras un hilo de sangre chorrea de la portezuela desencajada del vehículo.

Anochece y una madre angustiada no ha podido irse a dormir buscando a su hija.

0102

Los escalones inmensos acogen el nido de las telarañas.

 Es tarde.

Una ráfaga de viento quebró la rama seca de un árbol y con ella el vidrio de la ventana. 

El cocotero del patio lanzó un gemido cuando en el jardín vecino el sol se escondía.

Se hizo tarde.

Una nube de moscas se ha posado en la copa más baja del árbol mientras las arañas se comen los mocos de la soledad. La ráfaga de aire que antes rompió la ventana se ha introducido hasta el consultorio. Ahí, la noche se achica sobre el diván. Florezco en cada línea que repasa la historia de un grande amor. Todo queda registrado en el cuadernillo del doctor que cura la tempestad del cuerpo, pero nunca te quita el dolor, el dolor de amar hasta desvanecerte en alas del perdón.

Afuera el viento se burla de tus aflicciones.

0103

Apenas fue ayer.

Ayer deambulabas entre mi cuerpo y mi fe. Hoy no estás más. Te fuiste y la oscura luna fisgona no parpadea sobre mi ventana.

Es un letargo jamás imaginado. Acongojado el espíritu pronuncia tu nombre que no volverá. En esta pandemia has partido y la mar no sabrá igual sin tu sal. En los besos te has llevado el sabor de mi piel, y el color de la arena palidece azorada por la información.

Uno tras otro tras otro.

¡Ya dejen de contar los muertos!

No son números ni occisos, son un corazón desgajado en cada familia. Y es letal.

Una hilera de voces no acalla el furor de la crueldad. ¡Hoy han caído en un solo día ochocientos cuarenta y tres!

¡Salve, oh salve!

¡Salve!

Otra vida hay allá. En el más allá.

0104

¡No podré pagar el pan que hoy me traes a la puerta!

¡No podrán pagar el amor que hoy nos dan!

La inclemente plaga con su ejército de pirañas devora las almas del panteón. No es tiempo de fiesta, no es tiempo de paz, pregona Satán. Es noche de tribulación y de confinamiento. ¡Por Dios! Qué dices, Satán, es noche de plegarias y amor, mucho amor y solidaridad.

¡Mujer! No sabéis lo que decís, nada hay más que me haga feliz. Es noche de gloria para la negritud. ¿No os acordáis que os prometí mil noches de azote por vuestra negativa a desobedecerle?

Es noche de luz y oración, insiste, Odette. Mi Dios es más fuerte que vos. No olvidéis que Dios  hizo y echó a los infiernos. De ahí no podréis salir.

¡La que no sale sois vos, mujer! La noche atrapa tu ser, y la angustia me entrega tu paz. ¡Anda, sollozad! ¡Sufrid! Vos seréis mía por siempre jamás.

Soy de mi Señor, imposible tener otro amo y a otro como vos amar. Soy de un ser de luz, transparente y sublime, omnipotente y omnipresente. Sabedlo y apartaos de mí.

¡Mujer, fatua y audaz! No podéis confiar en quien no veis. ¿Acaso vuestro señor ha venido y os ha visto sufrir como yo os miro? ¿Acaso las cadenas que yo os puse vuestro Señor las podrá romper? ¡Jamás!

Con fe y oración, sí Satán, con fe y oración yo os destituyo del poder que presumís tener sobre mí y sobre mis seres amados. ¡Huid! ¡Huid en el nombre sagrado de mi Señor que es eterno y todopoderoso, todo honor y toda gloria, huid a vuestro antro!

Soñad, mujer. Vos no sois Esther que liberó a su nación, vos no sois Sara que parió un hijo aun siendo seca, vos no sois María que trajo al mundo a rey de los judíos, ¡no sois poderosa! Apenas una larva, un grano de arena, apenas un objeto del que yo puedo disponer y mancillar y doblegar, apenas nada. ¡Arrodillaos os ordeno, arrodillaos a mis plantas!

En ese momento y ante la oprobiosa orden, la mujer se le aproxima y al tiempo que simula inclinarse a besar los pies de Satán urde un plan, un fenomenal movimiento de acto reflejo que hace que Satán pierda el equilibrio y ruede por las entrañas del abismo flameando el cordel con el que pretendía ahorcarla. En la caída el cordel se envuelve en la pesada capa de plomo que usaba el demonio y aprisiona el movimiento de sus manos y patas. Satán no atina a desenredarse y estrepitosamente se estrella en las fauces de su propio infierno.

¡Amén y amén!

0105

Las avenidas.

Rapaces y falaces kilometrajes de agonía. Se ven vacías, las avenidas.

¡Hurra, hurra!

La gente en los mercados.

¡Hurra, hurra!

La gente en las protestas

¡Hurra, hurra!

El contador de muertos aparece en la pantalla de la televisión. Un nuevo número decenal de contagiados. No se puede decir sus nombres ni su procedencia, solo un número, el Covid-19- cero cero ciento setenta y nueve.

El Covid 19- cero cero mil ochocientos uno. El Covid 19- un millón doscientos tres mil.

De pronto las carreteras se han convertido en ríos por donde fluyen flotas de transporte que encierran cifras por montones. En caravana van las centenas, en silencio las decenas, han salido a despedirlos flameando las palmas desde sus puertas los decimales…

¡No debéis salir! ¡Cuidaos dentro!

Desfallezco.

*De la serie virtual La Corona al Virus,

Bolivia, otoño de 2020

rossemariecaballero.com

ROSSEMARIE CABALLERO

La autora es boliviana y docente de lenguas y literatura. Publicó novelas, libros de cuento, poemarios, artículos de prensa y ensayos. Reside en Santa Cruz de la Sierra y por temporadas en Buenos Aires. Gestora y editora del Proyecto EC-B que difunde la literatura de mujeres bolivianas en antologías y redes sociales. Desde 2020 dirige dos colecciones que promocionan la obra de autores jóvenes y mujeres escritoras desde Bolivia a las naciones del mundo. La novela Lilith en los infiernos (2021) y el romance Los delirios de Oniria (2021) son sus recientes lanzamientos.

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