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Este diciembre de 2022 nos trae melancolía. Mi familia, como muchas otras luego de la pandemia, no podrá reunirse para celebrar el nacimiento de Jesús, otra vez. Muchos seres queridos partieron y ya no están, y su lugar en la mesa estará vacío.

Hubo 952.456 contagios y 21.973 muertes relacionadas con el coronavirus en el país desde que comenzó la pandemia en marzo de 2020 (Reuters, 15/07/2022).

Cuando miles de bolivianos partieron entre la primera y la cuarta ola de la Covid-19, en especial la primera y segunda, no teníamos acceso a las vacunas o a tratamientos efectivos para frenar el ataque fulminante del virus que conmovió al mundo. Los servicios y el personal de salud se vieron rebasados y varios cientos de profesionales en salud fallecieron por contagio.

Esas durísimas lecciones de vida que nos revelan lo insignificantes que somos ante la muerte parecen haberse olvidado porque algunos médicos (no todos) volvieron a tratar con soberbia a los pacientes sin explicarles las causas de sus dolencias, el tratamiento que deben seguir o anunciar lo que les espera si es una enfermedad que deteriorará sus vidas progresivamente. Aunque en otros países existan tratamientos alternativos, algunos galenos no se animan a recomendarlos. La calidad y calidez en la atención médica todavía son un tema pendiente y sensible en nuestro país porque no se supervisa ni evalúa adecuadamente.

A las cifras paralelas a las vidas humanas perdidas se sumaron los problemas conexos causados por el confinamiento como la violencia de género (de la que hablamos en nuestro artículo anterior), los divorcios, la pobreza, los problemas legales por herencias o negocios y la salud mental, entre otros.

Según comparten portales de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (18/04/2022) y Clarín (dato actualizado al 07/06/2021), por ejemplo, la cuarentena afectó las relaciones matrimoniales y de pareja. El 2019 hubo 12.728 divorcios, 7.940 el año 2020 y, según los datos a noviembre de 2021, hubo 7.211 casos (Servicio de Registro Cívico en Guardiana, 9/11/2021).

Como consecuencia de la cuarentena y la pandemia, millones de bolivianos y bolivianas que sobreviven gracias al comercio informal o pequeños negocios sufrieron grandes pérdidas. “Ante la imposibilidad de generar ingresos, los bolivianos agotan sus activos… El país expone un 37,2% de pobreza moderada y un 12,9% de pobreza extrema, de acuerdo con datos oficiales del INE” (Inesad, 09/08/2020).

Aún es insuficiente la información sobre los problemas legales generados por el fallecimiento de personas por Covid-19 y el dolor de cabeza para sus familias que, además de los gastos médicos y funerarios, han tenido que asumir las deudas o se han visto involucradas en juicios civiles o penales.

Por otro lado, en relación a la salud mental, un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones en Ciencias del Comportamiento (IICC) y el Instituto de Investigaciones Socio-Económicas (IISEC) de la Universidad Católica Boliviana (UCB) en la Paz constató que, en el periodo de la cuarentena, hasta fines de abril de 2020, se contaba con 1.872 denuncias por violencia familiar, 7 feminicidios y 60 casos de violaciones. Por otro lado, una encuesta a 1.532 personas realizada por el IICC el 2020 detectó que en general el 16% presentó depresión, el 24% ansiedad, el 26% estrés y el 27% impacto psicológico. Las mujeres evidenciaron mayor depresión, ansiedad, estrés e impacto psicológico más que los hombres (UCB, 2020, p. 4).

En ese algo gris contexto, celebrar la Navidad con más esperanza y ánimo es algo dificultoso. Hago votos para que cada persona y sus familias encuentren la esperanza y fortaleza en el fondo de sus corazones para seguir adelante, a pesar de todo.

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