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El grabado es, más que un arte, una experiencia compartida. Ahora he podido saberlo: la extrema meticulosidad del trabajo de los grabadores sólo logra buenos resultados si hay varios colaborándose unos a otros. En contra de lo que pensaba sobre los artistas plásticos, encerrados en su taller y solos, el grabado exige colaboración, generosidad: “En el proceso de la estampación, no lo hacemos solos, siempre hay una persona que nos colabora; aunque sea para humedecer el papel. Entonces, eso es lo genial: no es un trabajo individual como en la pintura o la escultura, que a veces el artista se encierra en su taller y sólo sale cuando tiene exhibición. No, acá no: acá salimos todos de los talleres para hacer trabajo en equipo”, me asegura Samuel Maita, el principal gestor de Grabadores Bolivianos, una agrupación que cultiva, valora, comparte y enseña el grabado en Bolivia. Y el carácter colaborativo exige, por ejemplo, que uno de los grabadores esté siempre con las manos limpias para tocar el papel y no mancharlo. Trabajo de dos, de tres, de más.

Participo de los talleres de diversas técnicas no tradicionales de grabado que Samuel Maita, junto a Ángelo Benito Guzmán y Christian Torrico, llevan adelante en estos días en Cochabamba. Colaborados además por la esposa de Samuel, Rocío, el desprendimiento del equipo es más que notorio: ellos se ocupan de preparar los materiales para cada participante, trasladan el tórculo, preparan las tintas y los papeles, colaboran en cada una de las etapas de la compleja elaboración de las placas o matrices, y celebran con los aprendices los logros, o sugieren mejoras para los fallos.  En pocas palabras: acercan la alegría de experimentar el proceso y los resultados del acto de grabar e imprimir papeles a todos los que quieran ingresar a este fantástico mundo, el de los grabadores.

Algunos dirán que es la técnica más antigua del arte, porque, como recientemente se descubrió, la primera obra de arte encontrada es muy pero muy antigua, no corresponde al Homo sapiens y quizás no es tan artística para muchos: se trata de una concha que fue grabada por un Homo erectus, hace 400 mil años. Son eso precisamente: escisiones en forma de zigzag en la parte interior de la concha de un molusco, exactamente lo que hace un grabador. Si bien hacia fines del Paleolítico medio, y con mayor esplendor en el Paleolítico superior, las pinturas humanas conocidas como parietales o rupestres experimentan una explosión, así mismo se encuentran por todo el mundo otro tipo de imágenes hechas por nuestros ancestros más antiguos que son grabados sobre rocas. El grabado es consustancial a lo humano, esto es cierto, aunque no todos lo conozcan ni lo hayan practicado nunca. ¿Qué son sino los recuerdos que imágenes grabadas en la mente y en el alma?

La agrupación Grabadores Bolivianos fue creada hace diez años en La Paz, por los maestros Max Aruquipa y Ana Barroso, y desde entonces ha crecido hasta congregar a unos 30 grabadores.  Este año, y dado que cumple su primera década, han programado una serie de eventos que incluyen talleres de enseñanza de técnicas, exposiciones, demostraciones, intercambios y otras actividades, durante nueve semanas. A través de convenios de intercambio artístico establecidos con México, van grabadores bolivianos allá y vienen maestros del grabado de allá para brindar sus conocimientos a Bolivia. Están aquí los maestros grabadores Vanessa Soz, Constanza Revilla (hija de Vanessa), Octavio Martínez y su hija Scarlett. Llegarán también los maestros mexicanos Jovita Aguilar y Fernando Jiménez. Todos ellos apasionados cultores del arte del estampado, de un país que ha hecho del grabado una de sus glorias nacionales, dada la importancia que tuvo, entre otros, el gran José Guadalupe Posada, cuyas estampas publicadas en las hojas volantes de Vanegas Arroyo, se han convertido en el fundamento imperecedero de la imagenería popular.

Gracias a sus publicaciones a través de la prensa y la folletería popular, los grabados gozaron de muchísima fama en el siglo XIX, llegando a los sectores analfabetos de América Latina, y se constituían en una suerte de escuela popular de los pobres, ya que en estas hojas volantes se publicaban historias de todo tipo, desde crímenes a cuentos de terror, y estos textos estaban hermosamente ilustrados por grabados de hermosa ejecución. Si bien la reproducción de fotografías y las nuevas imprentas Offset cambiaron el panorama de las estampas populares, el espacio para el grabado artesanal nunca desapareció del todo en países como Bolivia. Durante décadas, los grandes maestros del arte boliviano cultivaron el grabado, como es el inolvidable caso, para mí, de Walter Solón Romero, con quien cursé el único taller de grabado en el que tuve la suerte de participar, un taller que se realizó allá por 1984 en el Centro Cultural Portales, en los sótanos de su palacio. La experiencia de compartir las enseñanzas de Walter Solón se quedó así, grabada en mi corazón.

Porque grabar una imagen es importante, como se graba una canción o un recuerdo en la memoria y en el corazón.  La fotografía es otra forma del grabado, pero en todos los casos lo incidido, lo estampado, lo grabado, lo imprimido, lo cincelado e impresionado, son exactamente eso, impresiones que se quedan marcadas con el buril de las vivencias en el corazón. Por eso hay que celebrar al grabado y a los grabadores. Este 15 de julio se recordó el Día Internacional del Grabador, en homenaje al gran Rembrandt. Pero diré que no sólo importan los grabados culminados, que salen, cual seres resplandecientes, de debajo de los fieltros y las hojas de grabado. Lo que importa es el proceso, las técnicas ayudando a ese proceso único y laborioso de llegar al final con la impresión de una bella serie de estampas numeradas.

Samuel Maita me explica cómo se organizan para llevar adelante los talleres de técnicas no tradicionales, con una apertura hacia todo aquél que quiera aprenderlas: “Nosotros no queremos guardarnos los secretos del grabado, nuestras técnicas. No estamos tan satisfechos de mostrar el resultado final, en una galería, sino que queremos que los estudiantes, que el público en general también se involucre en la producción del grabado y vea que es una disciplina muy fascinante, muy variable, muy múltiple, y te abre esas conexiones”. Una disciplina fascinante que, como las experiencias humanas, se graba en la placa fina del corazón.

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