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A mediados de este mes nos levantamos una mañana con la sorpresa de que el expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada había presentado un comunicado público adjuntando una propuesta de nueva Constitución Política del Estado. Obviamente, desde la óptica profesional interesaba mucho darle una mirada al documento, pero vaya decepción cuando de entrada leemos el primer artículo que señala:

“Bolivia, independiente y soberana, es una República unitaria que adopta para su gobierno la forma democrática representativa. Bolivia es un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad de derechos ante la ley y la unidad nacional en la diversidad”.

Y claro, quizás muchas y muchos lectores, principalmente jóvenes, no entenderán la decepción sentida que se da simplemente porque nos recuerda la época universitaria de mucha gente cuando repasábamos la Constitución de 1967 cuyo artículo 1 decía:

"Art. 1. Forma de Estado y de Gobierno. Bolivia, libre, independiente y soberana, constituida en República unitaria, adopta para su gobierno la forma democrática representativa".

Ni siquiera el expresidente se animó a avanzar un poco más en su propio pensamiento, puesto que fue durante su gobierno que se aprobó la Ley No 1585 de agosto de 1994, cuando la ley de necesidad de reforma constitucional parcial refería en su primer articulado:

"Bolivia, libre, independiente, soberana, multiétnica y pluricultural, constituida en República unitaria, adopta para su gobierno la forma democrática representativa, fundada en la unión y la solidaridad de todos los bolivianos".

Es decir, don Goni de un plumazo borró –con su actual propuesta– la existencia real y palpable de pueblos indígenas, circunscribiéndonos a mediados del siglo XX cuando su partido plateaba el Estado Nación, convirtiendo a todos los originarios de nuestro país, trabajen la tierra o no, en “campesinos”, es decir bajo un modelo monocultural, sin darse cuenta siquiera de la existencia de indígenas de tierras bajas que tienen poco de campesinos y que lucharon denodadamente para ser visibles y reconocibles en un Estado que no les daba absolutamente nada. Parece que hasta se olvida de las grandes marchas indígenas de la década de los 90 del siglo pasado, que permitieron a muchas y muchos ciudadanos del altiplano darse cuenta de la existencia de lecos, mojeños, araonas, tsimanes y guaraníes, por señalar algunos de aquellos pueblos que siguen luchando por su espacio.

La propuesta está tan alejada de la realidad y los tiempos en los que vive la región y nuestro país, que incluso molesta en demasía a quienes batallamos por el reconocimiento y pleno ejercicio de los derechos humanos. Molesta que nuevamente se circunscriba los derechos fundamentales a un artículo a la usanza de las antiguas constituciones desde la Bolivariana de 1826 hasta la última de 1967, con sus reformas posteriores. Por un pelito le faltó colocar que las personas tienen sus derechos “conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio” (CPE de 1967), anulando 20 años de lucha desde la Convención de Viena de 1993 sobre la aplicación directa de los derechos humanos, su inherencia, favorabilidad y extensividad, entre algunas de las características que han sufrido vicisitudes para su comprensión y desarrollo.

Seguramente se puede escribir mucho sobre esta propuesta gonista, aunque espero que no, porque puede ser una pérdida de tiempo, ya ha sido criticada en demasía estos días; aunque quizá no por quienes deberían, pues no es un secreto que para nuestros actuales mandamases, el Estado Plurinacional sólo es un discurso y no una realidad.

Ejemplos hay muchos, no se puede decir que se cree en el Estado Plurinacional, en la diversidad de nuestro país o hacerse al defensor de los pueblos indígenas cuando el límite de concentración de mercurio permitido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 1 ppm (parte por millón) y las concentraciones de mercurio de los pueblos indígenas del norte de La Paz varían entre 1,9 ppm y 6,9 ppm, condenando a los pueblos tsimane, ese ejja, leco, mosetene, uchupiamona y tacana a daños en su salud irreversibles sólo porque tus aliados políticos son miles de cooperativas mineras.

No se puede decir “jallalla el Estado Plurinacional” cuando no se respeta la consulta previa, libre e informada de los pueblos indígenas; cuando las mineras, petroleras, madereras, interculturales y proyectos del Estado están invadiendo y destruyendo sus territorios, como el Madidi, el Tipnis o Tariquia entre los más importantes o cuando no se les quiere reconocer sus territorios ancestrales como a los Quila Quila en Chuquisaca.

Es una impostura decir que se hará una “defensa inclaudicable del Estado Plurinacional”, cuando el Estado ha reconocido seis autonomías indígenas plenas, pero sólo porque una fuerza política en el poder no quiere perder su poder centralizado y totalitario, le pone por más de 12 años zancadillas a las iniciativas de muchas comunidades indígenas para ser ellas mismas y decidir su destino.

No le puedes hacer loas y actos públicos al Estado Plurinacional cuando indígenas de tierras altas y bajas siguen siendo ciudadanos de segunda clase, con educación y salud deficientes, sin acceso a servicios básicos, con pocas alternativas de trabajo, que alimentan la necesidad de migrar internamente o al extranjero para buscar mejores días.

Es hasta entendible que Goni y los suyos detesten el Estado Plurinacional, porque lamentablemente pueden estar anclados en el siglo pasado; es incluso natural que no crean en un país plural y diverso porque han crecido en otra época donde todavía todos los citadinos decían a cualquier indígena “hijo” o “hija”; aunque esa persona pintaba canas o les encantaba que ese indígena les diga “caballero” y éste se calle ante cualquier abuso recibido. Recuerdo la frase dicha por Felipe Quispe: “Yo lucho para que mi hija no sea tu sirvienta”, como gran ejemplo de esa realidad que todavía cuesta romper.

Molesta aún más la hipocresía de quienes dicen defender al Estado Plurinacional y lo usen en sus discursos y símbolos, pero poco han avanzado en cumplir sus preceptos, sus anhelos y esperanzas, burlándose incluso de éstos.

Hemos vivido bajo un Estado como el deseado por Goni nuevamente, desde 1826 hasta 2009, liberal primero, nacionalista revolucionario un momento, neoliberal otro tanto, y creo que podemos estar de acuerdo en que el sistema no ha solucionado los grandes problemas de la patria. 

Estamos a 14 años de un nuevo modelo constitucional, al que tampoco se le deja desarrollarse adecuadamente y, por lo tanto, se cree que es el problema, por ello las voces liberales y conservadoras lo muestran como el enemigo que debe modificarse, cuando el verdadero inconveniente son las personas que manejan la cosa pública (res–publica por si acaso).

Es una pena que el fracaso del Estado Plurinacional al final sea porque unos lo odian de frente y otros bajo una careta, perdiendo nuevamente el partido la plural sociedad boliviana que sigue anhelando vivir dignamente, desea ejercer sus derechos bajo un Estado garantista de los mismos; bajo un Estado que reconozca su diversidad como una realidad palpable y única.

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