3

Por Viviana Ariñez, Guardiana (Bolivia)

Lunes, 24 de agosto de 2020.- Cuando Pablo salió bachiller recibió un diploma de reconocimiento porque ocupaba el tercer lugar entre los mejores alumnos de su colegio, con un promedio de 90 en los últimos cuatro años. Su familia estaba orgullosa y él sentía que tenía el mundo en sus manos, iba a ser ingeniero.

Con mucho entusiasmo se inscribió para tomar el examen de ingreso a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), pero los resultados le cayeron como un balde de agua fría: había reprobado. A insistencia de su familia tomó el curso prefacultativo. Tres meses después de pasar clases, igual la nota no le alcanzó para ingresar.

Pablo comenta que varios puntos que se tocaron en el examen de ingreso a la universidad no los conocía: “En el colegio no me enseñaron mucho sobre esas materias (matemáticas, química y física). En el colegio solo vimos lo básico”.

La brecha educativa entre los bachilleres de los colegios fiscales de Bolivia y la universidad pública es de, al menos, cinco años, reveló Max Mendoza, secretario por el sector estudiantil del Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB).

A este diagnóstico se llegó a mediados de 2019, cuando el Ministerio de Educación se reunió con el CEUB –que aglutina a las 11 universidades públicas de Bolivia, junto a la Escuela Militar de Ingeniería y la Universidad Andina Simón Bolívar—, las universidades privadas, los Servicios de Educación Departamental (Seduca) de los nueve departamentos, la dirigencia del Magisterio y la dirigencia de los estudiantes de secundaria.

Sin embargo, este encuentro quedó trunco debido a la falta de convocatoria a nuevas reuniones de parte del Ministerio de Educación y luego vino el cambio de gobierno. Por tanto, no se emitió un documento oficial de diagnóstico y conclusiones.

Ahora, con la pandemia Covid-19 la situación es mucho más dramática por el salto a la educación virtual, la reciente clausura del año escolar y la decisión del Tribunal Departamental de Justicia de La Paz de revertir esta decisión.  

Actualmente, el 88,5% de los estudiantes se forma en establecimientos educativos fiscales, es decir, que dependen del Estado, y solo el 11,46% corresponde a colegios particulares, de acuerdo con datos del Ministerio de Educación.

Datos a 2019 del Ministerio de Educación

“Como sistema universitario, desde 2009 e incluso antes, se vio que cuando se tomaba el examen de ingreso (a los bachilleres) había grandes vacíos, en esa lógica se ha tratado de que el Ministerio de Educación coordine con el CEUB para tener datos sobre el real avance de los colegios”, dijo Mendoza.

“Nunca hemos tenido una respuesta –continuó—hasta el año pasado, cuando se hizo el encuentro”.

Justo Bohorquez, presidente del presídium del CEUB, recordó que en el encuentro entre los diferentes sectores educativos del año pasado se remarcó que los estudiantes que salen bachilleres no están bien preparados y la Ley 070 Avelino Siñani “no responde” a las necesidades.

La creación de los cursos preuniversitarios

El CEUB informó que como sistema universitario, al ver los problemas que enfrentan los bachilleres, crearon el curso preuniversitario en el cual se utiliza el contenido programático de Seduca, para refrescar la memoria de los estudiantes.

El examen de ingreso tampoco es “muy difícil”. Nosotros los hacemos en función a lo que está en su contenido programático, pero los estudiantes reprueban porque hay temas que no conocen”, dijo Mendoza.

Sin embargo, Pablo comenta que además de los vacíos generados en su colegio,  “cuando estaba en el prefacultativo había licenciados que no explicaban bien sus temas, llegaban tarde, a veces solo nos daban fotocopias y ya, eso nos perjudicó a muchos porque en el examen los ejercicios eran complejos”.

“Yo creo que el problema está en ambos, tanto en el colegio que debieron ser más estrictos como en los licenciados de la “u” que deben enseñar bien sus temas”, sentencia Pablo, quien optó por inscribirse en una universidad privada.

Un estudiante universitario (foto: pxhere.com).

Olimpiadas

Mendoza recuerda que las universidades se encargaron de realizar olimpiadas de química, física y matemáticas en los colegios, para mostrar el nivel que se requiere para ingresar a la educación superior.

Ángel, un estudiante de secundaria, comenta que por ser uno de los mejores alumnos de su colegio lo enviaron a las olimpiadas, pero le fue muy mal porque casi nada sabía. Molesta, la mamá de este joven expresó el problema a los profesores, quienes dijeron que iban a coordinar con la dirección. La queja quedó en nada.

“Al siguiente año cambié a mi hijo a un colegio de convenio porque ahí les enseñan mejor”, dijo la mamá de Ángel.

Ganadores de las olimpiadas estudiantiles (foto: Viceministerio de Comunicación).
El origen de la brecha

De acuerdo con el CEUB, son seis años de secundaria, pero no todos los años los colegios y docentes cumplen con el calendario escolar. Si en determinado curso debían llevar 10 temas, por los conflictos sociales o políticos solo avanzaron ocho lecciones y quedan pendientes dos que en la gestión siguiente no se reponen porque cada profesor tiene su plan. De esta forma fue creciendo la brecha educativa.

El año 2019, producto de los conflictos políticos después de las elecciones nacionales del 20 de octubre, los colegios fiscales ya no pasaron clases por más de un mes y luego se determinó la clausura del año escolar. “Así salieron bachilleres el año pasado y los de quinto de secundaria pasaron a sexto ya con temas pendientes de avance”, recordó Mendoza.

La malla curricular

El profesor Vladimir Laura Chambi, secretario Ejecutivo Nacional del Magisterio Urbano de Bolivia, admite la existencia de la brecha y, por ello, dice que en varias oportunidades plantearon la necesidad de trabajar en una nueva malla curricular con las universidades para que no exista diferencia entre los contenidos del nivel secundario y las exigencias de las casas superiores de estudios.

Sin embargo, no hubo respuesta hasta la reunión que se dio en 2019.

Vladimir Laura, ejecutivo del Magisterio Urbano de Bolivia (foto: V. Laura).

Explicó que existen tres mallas curriculares: la malla troncal que es emitida por el Ministerio de Educación y no puede ser cambiada; el currículo regionalizado de acuerdo a las características de cada región y el diseño curricular que trabaja el maestro.

“El problema es en la malla del Ministerio de Educación, es ajena, no es congruente con lo que exigen las casas superiores de estudio, además, las universidades tienen autonomía y el ministerio no les puede imponer qué materias llevar”, sostuvo.

Vladimir Laura Chambi, secretario Ejecutivo Nacional del Magisterio Urbano de Bolivia

Y explicó que como maestros, tienen “atadas las manos” porque si no aplican la malla troncal son sujetos a procesos y sanciones administrativas.

La Federación de Estudiantes de Secundaria (FES), a través de su ejecutivo Jorge Barrera Fernández, recordó que en la reunión de 2019 exigieron una igualdad de la malla curricular, y también con el actual gobierno se solicitó hablar sobre el tema, “pero nunca nos han respondido”.

Guardiana solicitó una entrevista con autoridades del Ministerio de Educación, sin embargo, no hubo respuesta.

¿La Ley Avelino Siñani es el problema?

La Ley 070 Avelino Siñani-Elizardo Pérez –promulgada en diciembre de 2010—ha sido fundamental para el crecimiento de la brecha en la educación, sostiene el decano de la Facultad de Arquitectura de la UMSA, Jorge Sainz.

“La ley no ha sido llevada a la realidad en sus postulados principales, en especial en lo referido a la educación integral que es la que articula con las universidades. Ese conocimiento integral que perseguía la Ley 070 nunca fue ejecutado en su verdadera dimensión”, declaró.

Es más, hubo un divorcio entre colegios fiscales y particulares. Los de la educación pública disminuyeron su capacidad educativa y formativa, según Sainz, quien también fue rector de la UMSA.

La Ley 070 Avelino Siñani-Elizardo Pérez –promulgada en diciembre de 2010—ha sido fundamental para el crecimiento de la brecha en la educación.

Jorge Sainz, decano de la Facultad de Arquitectura de la UMSA

Patricia Brieger, subdirectora del Centro Psicopedagógico y de Investigación en Educación Superior (Cepies), sostiene que el problema educativo en Bolivia es estructural debido a que la educación ha sido relegada quizás desde la fundación de la república, cuando debía ser considerada como estratégica para el desarrollo del país.

Patricia Brieguer (PhD), exdirectora del Cepies (foto: P. Brieguer).

Se debe partir con la revisión de la Ley 070 –señala Brieger—porque generó un retroceso en la formación académica de los estudiantes debido a que esta norma se orientó más a lo político que a lo pedagógico.

“Si ustedes revisan, las características de la Ley 070 es limitativa, el país ni siguiera la aplicó en su totalidad. Hubo demasiada injerencia de las organizaciones de base, no le dieron independiencia al docente para que desarrollo su clase, pero tampoco se ha capacitado adecuadamente a los docentes en su formación académica”, dijo.

De acuerdo con la experta, “se inventó” el Profocom que si bien otorga un título de licenciatura a los profesores, aún tiene falencias a nivel académico. No obstante, considera como un aspecto positivo del salto de normalista a licenciado que permite al maestro seguir profesionalizándose.

Brieger sugiere una profunda reflexión de los académicos para pensar en una educación seria y real para los niños y jóvenes, pensar en la mejora de la calidad académica tomando la experiencia de otros países pero a partir también de la realidad de Bolivia “y ver qué conviene poner en nuestra ley  para que las y los estudiantes adquieran los valores como ética y responsabilidad,  y les obligue a ser autoformadores”.

"El problema educativo en Bolivia es estructural debido a que la educación ha sido relegada quizás desde la fundación de la república, cuando debía ser considerada estratégica para el desarrollo del país".

Patricia Brieguer, exdirectora del Cepies
Apoyo a las y los estudiantes

Marisol Pérez, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras de la UMSA, considera que a raíz de la profunda brecha, que es generalizada en el país, la labor de las universidades tendrá que ser de mucha más dedicación para ayudar a los estudiantes a que puedan alcanzar el nivel adecuado, “el papel de los docentes en el primer semestre y primeros años es fundamental, vamos a tener que cubrir estas deficiencias”.

Desarrollo de pensamiento

Jorge Grigoriu, magíster en Formación Docente, considera que el problema no está tanto en el cumplimiento de unos programas o en cubrir determinada cantidad de contenidos en secundaria, sino que los estudiantes deban desarrollar habilidades del pensamiento superior que permitan analizar, interpretar, sintetizar, evaluar, inferir, crear, habilidades básicas para la construcción de desempeños profesionales en la universidad.

“Lo que ‘no llegaron a ver’ en la secundaria, será fácilmente compensado si desarrollaron estas habilidades, por tanto, más allá de los contenidos, este es un problema de desarrollo de habilidades de pensamiento”.

Jorge Grigoriu, magíster en Formación Docente

De acuerdo con este experto, la escuela, en la mayoría de los casos, continúa favoreciendo actividades, tanto de aprendizaje como de evaluación, orientadas a la reproducción del conocimiento más que al desarrollo de habilidades que permitan: analizar, interpretar, sintetizar, evaluar, inferir, crear, etc., habilidades básicas para la construcción de desempeños profesionales en la universidad.

Por otro lado, señala que es evidente que desde el nivel central, al plantear el diseño curricular base para la educación primaria y secundaria, no se ha previsto la articulación con la educación superior, ni a nivel de enfoques educativos, ni a nivel de contenidos. En la práctica, no existen mecanismos que posibiliten la continuidad entre el currículo de secundaria y el currículo universitario.

Esta falta de articulación se da, entre otras cosas, por la complejidad de la vida académica universitaria y la fuerte influencia de la política, en el caso de las universidades públicas. 

El meollo de las pruebas

"Las pruebas de acceso a la universidad, con frecuencia, están orientadas más a la memorización.Incluso en matemáticas, física y química, los estudiantes y los institutos que los preparan, cuentan con solucionarios para exámenes de diferentes gestiones. (...) Más que desarrollar la habilidad de resolver problemas o utilizar habilidades de pensamiento, la tendencia es a memorizar datos y problemas tipo".

Jorge Grigoriu

Para Grigoriu, al contrario de lo que señalan las universidades, la finalidad de las pruebas de suficiencia académica (exámenes de ingreso), tal como están planteadas, es “seleccionar”, por tanto, se considera que deben ser complejas para lograr este propósito.

Por ello, existen colegios, sobre todo particulares, que en los últimos años de secundaria enfatizan contenidos que permiten superar materias como álgebra, geometría, cálculo, química y física, pues es justamente en estas donde mayores índices de reprobación suelen generarse.

Además, las pruebas de acceso a la universidad, con frecuencia, están orientadas más a la memorización. Incluso en matemáticas, física y química, los estudiantes y los institutos que los preparan, cuentan con solucionarios para exámenes de diferentes gestiones.

En estos casos, más que desarrollar la habilidad de resolver problemas o utilizar habilidades de pensamiento, la tendencia es memorizar datos y problemas tipo.

Así, los postulantes a la universidad “estudian para el examen”, y aun aprobando, no se garantiza que estén preparados para iniciar estudios, de ahí que haya un alto índice de reprobaciones en los primeros semestres.

Lo preocupante es que las pruebas de ingreso a la universidad no se orientan, por lo general, a identificar la aptitud de un estudiante para el inicio de una determinada carrera.

“Considero que además de la suficiencia académica, las pruebas deberían permitir identificar si el estudiante tiene o no las aptitudes necesarias para una determinada carrera. Pruebas orientadas a la aptitud permitirían disminuir problemas como cambios frecuentes de carrera y permanencia más allá de los  siete años de estudio, para carreras que deberían culminarse en cuatro o cinco años. Esto supondría también un gran ahorro para el Estado”, señaló Grigoriu.

Adan Boris Mina Alanes es condenado a 30 años por la muerte de Betsabé

Noticia Anterior

Las mentiras y las vulneraciones a los derechos hacen su AGOSTO en Bolivia

Siguiente Noticia

3 Comentarios

  1. En cuanto al tema educativo, sería bueno que revisen las estadísticas del artículo: LA BRECHA EDUCATIVA: SECUNDARIA Y UNIVERSIDAD donde se evidencia que la Ley 070 estableció la ruptura educativa haciendo que sean islas entre lo universitario y la educación regular.

    1. Buenos días Jhonny, ¿cuál es el problema con la estadísticas?

  2. Muchas gracias por leernos, revisaremos su artículo, ya vimos que está en Scielo, sin embargo, existen coincidencias con la nota publicada.

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *