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A veces fantaseo con la idea de tener una hija. Mientras leía hace unos meses “Half of a yellow sun” de Adichie, pensé que me gustaría llamarla Olanna. Tengo guardada, con una sensación de anhelo y nostalgia –si se puede sentir nostalgia por algo que una nunca ha conocido-, la imagen de una niña que, en un bus, trenzaba el cabello largo y negro de su mamá. También tengo un libro de hadas guardado, que parece un libro mágico, que compré hace tal vez más de 10 años, en Bogotá, cuando el siguiente paso “obvio”, después de terminar una carrera y una maestría, parecía que era el de casarme y tener hijos.

Sin embargo, hoy que es el futuro que aquella vez imaginaba, cuando me pregunto: ¿Cómo sería criar una hija en este tiempo?, mi fantasía se detiene. Porque, y a pesar mío, al tratar de responder esta pregunta, no puedo dejar de pensar en la atroz y sistemática violencia que sufrimos las mujeres actualmente y en los modelos de mujeres que los medios de información se encargan de proporcionarnos a través de la televisión, el internet, los vídeos musicales, los videojuegos, la publicidad y la música de consumo masivo.

Feminicidios por todo el mundo; secuestros de niñas y jóvenes a diario; niñas explotadas sexualmente; mujeres golpeadas, heridas y apuñaladas por sus propias parejas. Muchachas anoréxicas, adolescentes con desórdenes alimenticios; niñas que piden una cirugía como regalo de 15 años; mujeres de 40 que mueren en un quirófano en su intento por lucir como un Ángel de Victoria Secret o como una de las magníficas de Pablo Manzoni. Mujeres obsesionadas con encajar en ciertos cánones de belleza a como dé lugar, para ser aceptadas, para mantener un trabajo, para conseguir una pareja, para disfrutar en las fiestas, para sentirse deseadas, para ser felices, para ser amadas, para vivir pues; pero ¡nos están matando!

Y mientras tanto, Maluma y sus 4 Babys. Y mientras tanto, Cuba Libre y su gigantografía, los Kjarkas cantando su “Cara bonita” y el Presidente diciendo que quiere “cholitas sin calzas”. Y cada vez más mujeres semidesnudas, siempre dispuestas, con los labios entreabiertos, las tetas grandes, la nariz respingada, el cabello rubio, largo y con ondas perfectas, el culo turgente y la piel suave como la de un bebé. La mujer como un producto, la mujer como un trofeo, la mujer como una cosa. La cosificación y sexualización del cuerpo de las mujeres como nunca antes visto.

No puede ser que la ceguera machista no permita ver lo ofensivo y denigrante que es para las mujeres que a cada paso que damos nos encontremos con una mujer semidesnuda, publicitando una cerveza, un bote de pintura, una llanta, cualquier cosa; que en cada canal musical que sintonicemos encontremos decenas de mujeres en trajes de baños, lanzándose desesperadas sobre uno o dos tipos envueltos en cadenas de oro, que generalmente están “indecisos” o “ya tienen otra” y que además “chingan cuando Maluma les dice”.  

Se han puesto a pensar los hombres: ¿Cómo nos sentimos las mujeres cuando entramos a un taller mecánico y las paredes están cubiertas de calendarios de mujeres desnudas, mientras estamos ahí paradas, solas, frente al mecánico que nos explica cuál es el desperfecto de nuestro auto? Y jamás tendrán idea de lo horrible que se siente no poder caminar libre por las calles; no poder tomar un taxi de noche sin miedo a ser violada; no poder viajar sola por miedo a ser asesinada.

¿Cómo criar a una hija en esta sociedad y en este tiempo en que vivimos? ¿Es responsabilidad solo de la madre y el padre velar por ellas? No, claro que no. Es responsabilidad del Estado, la comunidad y en este caso, especialmente, de los medios de información. Es momento de que estos asuman su responsabilidad social y ante los altos índices de violencia contra la mujer, tomen responsabilidad por los contenidos que emiten y se encarguen de proporcionar al público otros modelos de mujeres: mujeres reales, mujeres que cuenten su historia, sus deseos, sus sueños; mujeres que valgan mucho más allá de sus cuerpos.

Nosotros, como sociedad, debemos empezar a cuestionar lo que vemos, leemos y escuchamos y supervisar lo que ven, leen y escuchan nuestros hijos e hijas a diario.

También debemos exigir que se dejen de reproducir ideas estereotipadas y nocivas contra las niñas y mujeres en los medios de información.

Porque una cosa está ligada a la otra. Si los medios continúan cosificando a la mujer y normalizando la violencia basada en género, nosotras, las mujeres, continuaremos siendo vistas como objetos de placer desechables y nos seguirán usando, consumiendo y matando. La pandemia de la violencia contra la mujer, generada por el patriarcado, debe ser atacada desde todos los ámbitos.

Recuerdo que el día en que compré el libro de hadas, que aún tengo guardado para la niña que tal vez algún día llamaré Olanna, había asistido a la presentación de una escritora de cuentos infantiles y la autora me regaló un par de sus libros autografiados. Más tarde, al pasear por la librería, encontré dos libros infantiles preciosos, uno de gnomos, duendes y otras criaturas de fantasía  y otro de hadas, no dudé ni un segundo y compré ambos para el hijo y la hija que, conforme con el estereotipo de mujer en el que debía yo encajar, tendría en el futuro.

El libro de gnomos es todavía el favorito de mi hijo, mi Oliver.

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2 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo que la responsabilidad no es solo de los padres, sino también del Estado y la sociedad en general. Considero que la una solución efectiva a este problema es a través de la educación desde temprana edad. A l@s niñ@s se les debe enseñar, desde los primeros años de escuela, el respeto a la mujer. De tal forma que aunque vean un ejemplo diferente en casa, sepan que eso esta mal e incluso puedan corregir a los padres.
    Felicitaciones Guardiana por su labor crítica y de difusión.
    Cordiales saludos.

    1. Gracias Antonio, estamos totalmente de acuerdo con tus apreciaciones.

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