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Por Guardiana (Bolivia) y fotos de FUBE, iniciativa patrocinada

Martes 22 de diciembre de 2020.- A sus 16 años, Brisa fue víctima de violencia sexual. Un primo de 27 años que había llegado de Colombia a Cochabamba la convirtió en su presa. Ella guardó silencio. Pero después intentó suicidarse dos veces. Fue entonces cuando sus padres se enteraron del vejamen. Sin embargo, no se hizo justicia. Su agresor terminó fugándose del país. A los 17, inició un programa para ayudar a niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual, lo que terminaría convirtiéndose en la Fundación Brisa de Esperanza (FUBE).

Desde Nueva York, Brisa de Angulo Losada mira hacia atrás para decirle a Guardiana que siente que sus heridas han sanado gracias a la existencia de la Fundación Brisa de Esperanza que en 16 años de vida ha atendido 1.941 casos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes en la ciudad de Cochabamba desde aquel junio de 2004 en que las puertas de esta fueron abiertas por primera vez.

Brisa de Angulo no ha dejado de buscar justicia desde sus 16 años en que fue víctima de violencia sexual.

Trabajo en pandemia

Durante la pandemia que en Bolivia empezó oficialmente en marzo de este año, FUBE tuvo que trabajar mediante la plataforma Zoom y con tres líneas telefónicas para la atención de los casos que han sumado 97 hasta el momento.

La coordinadora general y representante legal de la Fundación, Verónica Roque, explicó (ver video) cómo ha sido su trabajo en pandemia. Actualmente atienden en horario continuo los casos que provienen del municipio de Cercado y también de otros como Quillacollo, Sacaba y Tiquipaya.

Tres pilares de trabajo transversal e integral

En FUBE trabajan 23 personas entre abogadas, psicólogas, trabajadoras sociales, asistentes, encargadas de hacer los seguimientos judiciales y otras que brindan atención gratuita.

Su Coordinadora General explicó que dichas personas trabajan sobre la base de tres pilares que son transversales e integrales: en el primero se brinda atención legal, psicológica y social; el segundo tiene como centro la sensibilización y la información a través de la capacitación y el tercero está destinado a revisar las políticas públicas y la normativa, "todo lo que es incidencia política".

Atención legal, psicológica y social

Una vez que una niña, niño o adolescente pisa la Fundación, una de las tres psicólogas con las que cuenta FUBE empieza inmediatamente su trabajo mientras paralelamente una de las cinco abogadas el suyo y luego las trabajadoras sociales.

Una de esas psicólogas es Alejandra Colque. Ella contó que la niña o adolescente agredida normalmente llega a FUBE confundida, desconfiada, temerosa, sintiéndose incluso culpable y con una acentuada baja autoestima y desvalorización de su cuerpo.

"Tratamos —relató Colque— de entablar confianza con esa persona. A ella y a sus familiares les explicamos cuáles son y en qué consisten las actividades a las que les invitamos. Y tenemos terapias individuales, grupales, intervenciones familiares. Además, no solo trabajamos con las niñas y adolescentes, sino también con la familia que suele estar muy afectada. Luego programamos reuniones con ellos en horarios que puedan".

Y no se podía evitar hablar de los agresores que en la mayoría de los casos, según las estadísticas, son personas muy allegadas a las víctimas. Unas veces se trata de padres, otras de padrastros o de tíos o primos o, finalmente, personas que tienen acceso al hogar.

La psicóloga Colque explicó que los agresores van ganando poco a poco la confianza de quienes luego serán sus víctimas. Normalmente no es de la noche a la mañana que las atacan. Primero demuestran interés por sus asuntos, les hacen obsequios y hasta les ayudan con sus tareas del colegio y les van alejando poco a poco de sus amigos y seres queridos para ejercer control sobre ellas.

Una vez que se produce la agresión sexual y la niña, niño o adolescente no se calla, sino lo cuenta a sus padres, maestros o familiares, llega la hora de que FUBE entre en acción a través de un procedimiento jurídico, psicológico y legal que incluye sesiones individuales, familiares y actividades que sirven de terapia como, por ejemplo, clases de guitarra, yoga, repostería, peluquería, baile y otras.

Actividades alternativas como la peluquería, repostería y otras funcionan muy bien como terapia.

Análisis de políticas y normativa

Según un informe de la Defensoría del Pueblo, en promedio 12 niñas, niños y adolescentes son violados cada día en Bolivia y 60 por ciento de los sospechosos son delincuentes reincidentes. Tres de cada cuatro casos de agresión sexual a menores de edad suceden en la casa o en la escuela y el 97 por ciento de las denuncias de agresiones sexuales acusan a parientes varones.

Esas cifras muestran que al país le queda mucho camino por andar no solo para disminuir este problema, sino para brindar una atención rápida, oportuna y no revictimizante a las niñas, niños, adolescentes y sus familias.

Por ello, este es uno de los puntos en el que ha venido trabajando de manera personal Brisa de Angulo. Primero enfocándose en estudiar psicología y derecho para tener los conocimientos necesarios sobre la problemática, después llevando su caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado boliviano por violación a sus derechos humanos al no haber encontrado justicia en su país y haber sido, más bien, revictimizada una y otra vez y, finalmente, sistematizando todo aquello que ella y un grupo de abogados consideran que no funciona en Bolivia en el tratamiento de los casos de violencia hacia las niñas, niños y adolescentes como explica en el video.

En caso de que el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sea favorable para Brisa, el Estado boliviano tendría que abrirse a hacer los ajustes necesarios para que las víctimas sean atendidas como debe ser. Eso es todo lo que Brisa asegura que busca con esta demanda. No espera dinero. Solo quiere que se abra el diálogo con el Estado para dar opción a los cambios necesarios.

Sensibilización, capacitación e información

Para la Fundación Brisa de Esperanza poder brindar talleres de capacitación a todo tipo de profesionales y en toda clase de instituciones es importante, incluyendo colegios y universidades.

A veces este proceso es gratuito y en otras ocasiones incluye el pago de algún monto, sobre todo si se debe pagar a terceras personas por su trabajo.

En algunos casos se lo hace a pedido y, en otros, por decisión de la organización, sobre todo cuando se trata de personas cuyo papel es esencial en este tipo de casos como son, por ejemplo, personal de la Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia, de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen, de la Defensoría de la Niñez y universitarios de las carreras de Ciencias Jurídicas, Psicología, Enfermería, Pedagogía y otras.

Si bien la Fundación no cuenta con un protocolo específico ni usa otro de institución alguna para estos talleres de capacitación, su Coordinadora General indica que la experiencia ganada en 16 años de labor les permite hacer su trabajo de manera adecuada.

"Por el tiempo que venimos trabajando —explicó Verónica Roque— hemos validado algunas capacitaciones. Normalmente nos organizamos con base en la experiencia que tiene FUBE y forma de trabajo que está respaldada con investigaciones a nivel mundial. No usamos protocolo de otra institución específica, pero sí indagaciones de otros lugares que hemos estudiado, sistematizado e implementado".

¿Cuáles son las claves del éxito para socializar este tipo de conocimientos con grupos como los de adolescentes y jóvenes con los que no siempre es fácil hablar de estos temas?, se le consultó a Verónica Roque. "Tenemos diferentes formas de trabajo. Vamos a los colegios y damos información sobre la temática, pero hay un proyecto Joven a Joven. Ciertos grupos de jóvenes reciben la información, se capacitan en las temáticas y replican los contenidos entre sus pares a partir de ferias, exposiciones, teatro y otro tipo de expresiones. Esa es una estrategia que ha servido mucho". Esto se hace sobre todo con estudiantes de tercero y/o cuarto de secundaria.

En los procesos de capacitación también están los destinados a pequeños de establecimientos educativos en los que se registró algún caso de violencia sexual que luego fue atendido por FUBE.

¿Y cómo será trasladar esta experiencia a un espacio más íntimo como es una conversación entre una madre y su hija?, se le consultó a la Coordinadora General de FUBE. "Es importante abrir el tema. Es un problema que puede ocurrir en cualquier familia, en cualquier espacio. Todos los niños deben conocer el tema desde muy pequeños. Creo que es importante conocer, hablar con nuestros hijos de forma abierta. Nos sirven mucho los materiales, las estadísticas... Creo que es un tema que se debe hablar. ¿Desde qué edad? Todas las edades son adecuadas. No hay una edad específica. La forma se tendrá que ver a través de figuras y otros materiales. Es un tema que debería estar en la mesa de todas las familias. No se puede esperar a que sean adolescentes para hablar porque muchas veces los casos se producen antes. Incluso deberíamos conversar sobre cómo deberíamos reaccionar si un hecho así se produjera en la familia. Según nuestras investigaciones, una de cada tres niñas es agredida y uno de cuatro o cinco varones sufre violencia antes de llegar a los 18 años".

No te calles, denuncia para ser libre

Quien conoce algún caso de violencia sexual, debe presentar denuncia. Precisamente, uno de los problemas en los casos de violencia sexual está en el silencio de niñas, niños y adolescentes e incluso de sus propias familias que optan por mirar lo que ocurre sin decir nada.

El problema es que para una víctima de este tipo de violencia, el silencio no cura, es como un abrojo instalado que no se puede quitar ni permite cerrar heridas sin el apoyo ni ayuda necesarios.

Sin embargo, con la ayuda necesaria, las profesionales que trabajan en FUBE han visto salir adelante a niñas que hoy ya son jóvenes. Una de ellas, por ejemplo, fue víctima de violencia sexual a los 12 años y asistió a la Fundación hasta salir bachiller y luego decidió estudiar Pedagogía para ayudar a otras personas, además de abrir una academia de baile. A esta persona, la psicóloga Alejandra Colque la recuerda con cariño porque incluso en los últimos años colaboraba con las nuevas víctimas en FUBE.

¿Qué les diría Brisa a todas aquellas personas que fueron o son víctimas de violencia sexual?, ¿vale la pena denunciar aún si después la misma familia a una le dará la espalda? Este es el mensaje de Brisa para ti.

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