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Al aproximarse las celebraciones del 14 de septiembre de 2011, la periodista María Luisa Mercado me realizó una muy sugestiva entrevista sobre el humor cochabambino, para ser publicada en el diario Opinión. No recuerdo ahora, 11 años después, si se publicó, o cómo; pero por algún azar de los archivos, recuperé dicha entrevista justamente ahora, cuando nos aprestamos a recordar un nuevo aniversario regional, en este mes de septiembre que, como todos los septiembres, es tan grato de vivir en Cochabamba.

Como homenaje a esta querida región cochabambina, a la que adopté como mía, comparto ahora aquella entrevista, reiterando mis agradecimientos y recuerdos a María Luisa.

Estimada María Luisa, respondo a las preguntas.

M.L.M.: ¿Qué opina del humor en la identidad del cochabambino?

 M.S.P: Se ha asociado a los cochabambinos con un humor particular, pintoresco, que sería típico del hombre y la mujer del valle. Más por un estereotipo nacionalista, los cochalas poseerían un innato sentido del humor, natural y espontáneo. Lo cierto es que creo que la comicidad en el valle no es tan natural, sino que es el fruto de varios siglos de herencias quechuas y españolas. En ambos casos, los temas escatológicos y sexuales han sido fuente del humor. En el caso de la herencia popular colonial, los temas satíricos, religiosos y raciales, entre otros, son también elementos significativos para la comicidad popular.

M.L.M.: ¿Hay alguna característica particular o temática sobre la que nos reímos?

 M.S.P: La risa funciona con los mecanismos de lo cómico popular. Es decir, hay ciertos temas, que lindan con lo obsceno o lo transgresor, que son objeto de la comicidad, por cuanto la risa funciona como una suerte de “válvula de escape” de las presiones sociales sobre estos temas específicos. Así, el primer tema es la sexualidad, seguido muy de cerca por los temas y prejuicios raciales. En un tercer lugar, las sátiras dirigidas hacia los poderosos. Pero en general, los temas fundamentales son aquellos que implican el destapar lo prohibido, lo que no se dice. El humor, o, mejor dicho, lo cómico, es un mecanismo del habla que permite hablar de esos temas, ya que se los dice “en chiste”. Pero allí se juegan temas demasiado escabrosos de la sociedad, (como las relaciones sexuales, el machismo, la escatología, las perversiones sexuales y otros).

M.L.M.: ¿Hay algún personaje típico?

M.S.P: Es que los personajes típicos de la comicidad popular tienen que ver con aquellos a los que nos autorizamos a hacer escarnio. Es decir, las mujeres, los homosexuales, los borrachos, los indios, los cholitos, los chapacos, los collas, etcétera. El mecanismo es que sentimos que lo cómico funciona como un espacio ritual donde se suspenden las malas voluntades, y que reírse de los demás está permitido. En muchos casos, claro, se puede reírse de uno mismo, pero no es lo más común. En un segundo lugar, los personajes de los que nos reímos no son “cabezas de turco”, sino que son los poderosos, especialmente los políticos. Esto implica otro tipo de compensación simbólica: de alguna manera, contar chistes contra los políticos es una forma de expresar nuestra inconformidad con la situación económica o política.

M.L.M.: ¿En qué espacios prevalece más el humor?

M.S.P.: La idea es que el humor, así llamado, es en realidad bastante más intelectual y elaborado, que pocas veces produce risas o carcajadas; es, en realidad, una especie de ironía muy lograda, que consiste en el manejo un poco desviante de los códigos del lenguaje, sea éste verbal, dibujado, gestual, etcétera. De ahí que hay humor, por ejemplo, en los dibujos de Quino, los gags de Les Luthiers, o en los movimientos de un mimo. La comicidad, en cambio, es típica de los sectores sociales más populares, porque no implica esos grados de elaboración formal y da rienda suelta a los impulsos grotescos u obscenos. Así, lo que predomina en Cochabamba es, justamente, lo cómico, porque se trata de lo popular. Así se han dado cuenta los comediantes, que no hacen humor, sino hacen espectáculos cómicos, que se basan en estereotipos, escarnios, prejuicios raciales o de género, y otros. Es el caso de Tra La Lá, de Fico’s Show, de Champagne, o del Pocholo. En este último caso, por ejemplo, las risas surgen justamente de una suerte de inversión de los prejuicios machistas; en realidad, no se hace un humor sobre las relaciones entre hombres y mujeres, ya que el humor suele implicar, también, la aparición de la conciencia, de la reflexión, como fruto de la ocurrencia humorística. Antes bien, es una mofa de los hombres sometidos por las mujeres, que funciona como confirmación de la regla: no existen, o no pueden existir, relaciones de pareja que sean equilibradas, equitativas, complementarias. Lo que este tipo de comicidad nos dice es que el machismo se confirma, así sea como una imaginaria venganza de las mujeres sobre los hombres. Pero estos estereotipos y caricaturas funcionan bien, porque son, como dije, típicas de la comicidad popular, no del humor. 

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