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El contexto preelectoral para las elecciones nacionales 2025 se ha intensificado en el último mes, en especial en las redes sociales; aunque las fechas para el inicio de campañas electorales con candidatos no fueron autorizadas oficialmente.

Los políticos que anunciaron su postulación a la presidencia empezaron a visitar poblaciones en todo el país, a aparecer en gigantografías besando ancianas y a bailar en eventos públicos con la intención de semejar una falsa “cercanía” con la población. Simultáneamente, ya se difunden campañas de propaganda en Facebook, X y TikTok, donde no faltan los contenidos divertidos, a veces ridículos, en los que el candidato nos hace reír. Si el objetivo es ganar simpatía, seguramente algunos se anotarán varios puntos a su favor. La pregunta es: ¿A cuál audiencia están dirigiendo sus discursos de propaganda? ¿Qué hay entre líneas en sus discursos?

Facebook y Twitter son redes sociales con mayor presencia de gente adulta y profesional, mientras TikTok es muy utilizada por los nuevos jóvenes votantes. Según los resultados del último Censo de Población y Vivienda, al menos 200.000 nuevos ciudadanos y ciudadanas podrán ejercer su derecho al voto en las próximas elecciones.

Además, de acuerdo a DataReportal, en 2025 TikTok alcanzó 7,63 millones de usuarios mayores de 18 años, lo que representa el 94,2% de la población adulta en Bolivia. Esta plataforma se caracteriza por el uso de videos cortos, algoritmos personalizados y adaptación a tendencias locales que apelan a los sentimientos y preferencias de cada usuario.

Pero para hablar del riesgo de volver a caer en un torbellino, arrastrados por la desinformación electoral, es necesario recordar que después de las elecciones nacionales del 20 de octubre de 2019 en Bolivia se desató una crisis política y social que causó violencia y enfrentamientos en las calles que cobraron la vida de 35 personas, quedando heridas 833 y arrestadas 1.504. A ese escenario polarizado se sumó gran cantidad de desinformación y discursos de odio en redes sociales, alimentados por quienes fueron denominados “generación pitita” y “guerreros digitales”. Esa situación generó incertidumbre, miedo, confusión y mayor división de la población. Todo lo anterior debilitó la gobernabilidad y estabilidad democrática a partir de las acusaciones de fraude, la solicitud de renuncia del expresidente Morales y los cuestionamientos sobre la legalidad de la sucesión presidencial que llevaría a Jeanine Áñez a asumir ese cargo.

Hoy, Internet también es parte de lo que ocurre en el espacio cívico-público en línea y, por tanto, es un espacio de participación ciudadana democrática, donde también se dan conflictos y luchas. Según Quiroz (2016), el uso de Internet como espacio político se produce como reacción a la pérdida de legitimidad del sistema político y a la dificultad de acceso para emitir mensajes a través de los medios masivos.

La sociedad de red y a su interior las redes sociales digitales se han convertido en nuevos territorios para la acción colectiva; no tanto por su incidencia en la toma de decisiones gubernamentales, sino más bien porque unen el ciberespacio con la protesta en las calles, dando paso al ciberactivismo social y político; pero también como escenario de la lucha simbólica por el poder y la resignificación de los liderazgos políticos.

Por tanto, es fundamental trabajar con las y los jóvenes en la prevención de la desinformación electoral que podría confundir, dividir y derivar en la polarización de nuestro país. Para lograr ese objetivo es fundamental contar con información sobre el proceso electoral; promover el voto informado por las fuerzas políticas que se postulen y verificar todo tipo de contenidos que circulen en las redes sociales (textos, imágenes, videos o memes), en particular la propaganda política.

Los criterios de verificación de información de mensajes desinformadores —no fake news porque es un contrasentido— se basan en la recolección de las fuentes del contenido difundido y la verificación para contrastar si esas fuentes son reales y confiables (nombres, organizaciones, hechos, datos o declaraciones). Por ello, es un nuevo desafío aprender a usar nuevas herramientas tecnológicas que nos permitan buscar y evaluar la veracidad de los contenidos que consumimos.

También es necesario impulsar el pensamiento crítico para dejar de ser consumidores pasivos de discursos políticos, promesas o quimeras. Cuestionemos sobre el trasfondo de las propuestas políticas, no nos dejemos guiar por eslogans sin respaldo, qué y cómo van a trabajar los candidatos para resolver la crisis económica que afecta a la salud, y la educación como áreas estratégicas. ¿Por qué unos pocos se enriquecen ilícitamente mientras muchos apenas tienen para comer?

Ser una o un ciudadano boliviano implica derechos y responsabilidades. Nuestros derechos humanos con frecuencia son vulnerados, entre esos derechos están la libertad de expresión en línea y la libertad de pensamiento. Por otro lado, es vital recordar que debemos cultivar los valores cívicos que se basan en el respeto a las personas, al entorno, al medio ambiente, lo público, la buena educación, la cortesía y la urbanidad.

Los valores cívicos se basan en las relaciones humanas que generan enlaces grupales o individuales, por lo que se pueden transmitir de persona a persona. También representan el reto de entender y respetar la diversidad cultural en la cual se generan las comunicaciones o intercambios de información. Desde una perspectiva individual, las personas deben ser conscientes de sus actos y conductas. Su efecto positivo repercutirá en quienes estén alrededor.

Es comprensible que una o un ciudadano común no lo haga de forma cotidiana, pero los animo a hacerlo periódicamente en los siguientes meses como un ejercicio de ciudadanía activa, como una práctica cotidiana en el marco de la necesaria alfabetización mediática e informacional (AMI), que debemos encarar para prevenir la desinformación electoral y habitar en la realidad virtual paralela a nuestra existencia fáctica.

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