Por Jorge Grigoriu Siles //
Diagnóstico de la educación y desafíos del próximo gobierno
Como diagnóstico de la educación me gustaría hablar sobre todo de los aspectos de carácter académico, que es mi ámbito de trabajo, sin detenerme mucho en aspectos de orden económico o presupuestario. En tal sentido, hablaré de la calidad de la educación actual, de algunos problemas urgentes, de la formación docente y de la participación de la sociedad, tanto a nivel de educación regular como de educación superior universitaria.
Calidad de la educación actual en Bolivia
Creo que todos sabemos que la educación regular va muy mal, lo experimentamos en la universidad cuando recibimos estudiantes que no han desarrollado habilidades de comprensión lectora y menos aún de escritura, lo mismo pasa en relación con habilidades de pensamiento superior y pensamiento lógico matemático, esenciales para la comprensión y resolución de problemas de la práctica profesional.
Los resultados de la última prueba de medición de la calidad realizada por el Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa (OPCE) confirman esta percepción: solo 3 de cada 100 estudiantes aprobaron las pruebas de matemáticas y química, y solo 2 de cada 100 la de física. En lenguaje el panorama tampoco es alentador: solo el 30% aprobó. En cuanto a la formación en valores, esta se queda en la teoría, sin repercusión práctica en la vida cotidiana.
Considero que esto, más allá de que la reforma o revolución educativa impulsada por la ley 070 no funcionó, se debe a que todavía se mantiene un modelo de formación basado en el enciclopedismo, donde lo importante es llenar la cabeza de los estudiantes con contenidos, cumplir con el avance de todos los contenidos y alcanzar los 200 días de clases.
Un sistema educativo, que se centra en esas preocupaciones y no en el aprendizaje efectivo de los estudiantes, está condenado a repetir los malos resultados, por más reformas que se hagan. Es necesario repensar el currículo considerando que la calidad educativa no se garantiza por la cantidad de contenidos o la cantidad de horas que tengamos a los chicos en la escuela.
Resulta paradójico que sigamos teniendo a los chicos aprendiendo con un modelo de hace más de 200 años, cuando la neurociencia ha demostrado que la manera natural de aprender del cerebro no es para nada compatible con lo que hacemos en las escuelas: tener a los estudiantes sentados, callados, mirando a la pizarra, escuchando al profesor o copiando, durante 4 a 6 horas al día, 12 años de su vida. El aprendizaje integra el cuerpo, el movimiento, la emoción, las necesidades y experiencias personales, la aplicabilidad, entre muchas otras cosas que son inexistentes o insuficientes en la mayoría de las aulas de nuestras escuelas.
Si bien se ha puesto de moda que las universidades se acrediten ante instancias nacionales e internacionales, esto no garantiza la calidad educativa. Existen carreras que no han actualizado sus planes de estudio hace muchos años, incluso décadas, docentes que desconocen el perfil profesional de la carrera en la que dan clases y estudiantes que sienten que lo que les enseñan no les será de utilidad para la práctica profesional.
Por ello, es necesaria también una reforma en las universidades que trabaje en:
- Una actualización de sus perfiles profesionales de manera que respondan con mayor pertinencia a los requerimientos de la sociedad y de la práctica profesional.
- La transformación de los procesos de formación para priorizar las prácticas vinculadas al desarrollo de competencias para el ejercicio profesional.
- Una mayor vinculación de los procesos formativos con los sectores productivos y de servicios,
- Un mayor énfasis en la generación de conocimientos, habilidades y actitudes orientados al emprendedurismo, pero también a la responsabilidad social y al compromiso con un proyecto ético de vida y de sociedad.
- El desarrollo de competencias para la generación de nuevo conocimiento, que resulte útil a la sociedad.
Considero, además, que la mejora de la calidad pasa por revisar los procesos de selección, admisión y permanencia docente, ya que existen universidades en las que la innovación se frena porque para muchos docentes resulta más cómodo seguir enseñando lo que enseñaban hace 10 a 20 años y no están dispuestos a participar en procesos de actualización o rediseño de los perfiles y planes de estudio de sus carreras, porque ello supondría revisar lo que se enseña y aprender nuevamente para alcanzar una enseñanza con mayor pertinencia.
Creo, también, que más allá de las pruebas, la posición en el ranking de universidades, los procesos de acreditación, etc., la calidad de una universidad se expresa en la calidad de sus egresados, en su empleabilidad y, sobre todo, en el conocimiento que aportan a la sociedad para resolver diversos problemas. Cuando una universidad se convierte en una institución de consulta obligada ante problemas de la sociedad, cuando ofrece servicios a la comunidad, fruto de su producción de conocimiento, pero, además, cuando se muestra como un referente ético, en ese momento podemos hablar de formación de calidad.
Respecto a la articulación entre la educación secundaria y la universidad, que es otro aspecto relacionado con la calidad, alguna de las propuestas de los candidatos habla de adecuar la formación de la escuela a los requerimientos de la universidad. Esto es interesante, sin embargo, tiene un pero. Primero, debemos pensar si la curricula universitaria está actualizada y si los perfiles profesionales responden a los requerimientos actuales de la práctica profesional. Como dije antes, muchas carreras no se han actualizado y los planes de estudio responden más a lo que los docentes aprendieron a enseñar hace muchos años que a lo que los estudiantes necesitan para desempeñarse en el ámbito profesional.
También creo que tenemos universidades centradas especialmente en la formación de profesionales y no en la generación de conocimiento. En este sentido, articular educación secundaria con educación superior es necesario, pero es necesario también repensar la curricula universitaria. Me atrevería a decir que es necesario repensar la función de la universidad en su sociedad, de manera que esa articulación cobre sentido y no se convierta en un círculo vicioso.
Yo diría que una primera tarea que la educación formal debería asumir, para lograr esta articulación, es trabajar en el desarrollo de habilidades de pensamiento necesarias para la resolución de problemas. Luego vendrán programas de orientación vocacional, estrategias para dirigir a los estudiantes hacia áreas específicas, modificaciones curriculares, etc. Primero pensamiento crítico y creativo, ¡tenemos como 12 años para eso, antes de la universidad!
Desafíos para el próximo gobierno: El mundo ya no es para nada el del 2010, los estudiantes no son los mismos, las necesidades personales, educativas, económicas, sociales, productivas, de servicios, etc. ya no son las mismas, por tanto, el desafío para el nuevo gobierno es impulsar un proceso de reforma educativa pactada, participativa y pertinente a las características particulares del mundo de hoy, que retome los actuales paradigmas y metodologías referidas a la enseñanza y el aprendizaje, así como las orientaciones que la neurociencia aporta hoy en día en relación con la manera natural en que aprendemos los seres humanos (retomaré este tema más adelante).
Una reforma educativa debe repensar y reformar un currículo que tiene demasiadas asignaturas, demasiados contenidos, muchas veces irrelevantes, que al final del año los estudiantes han olvidado. Criterios como la utilidad, relevancia, pertinencia, actualidad e internacionalización, junto a las finalidades educativas, deben orientar la selección y organización de los contenidos.
Esta reforma debe alcanzar también a las universidades. En el caso de las universidades públicas, el Estado y la sociedad boliviana, que es quien garantiza el presupuesto para la formación universitaria, tiene derecho a exigir educación de calidad y ello pasa por pactar, desde el respeto por la autonomía universitaria, una reforma radical en las universidades, que dé lugar sobre todo a procesos de innovación curricular permanentes y al desarrollo de competencias para la producción y gestión de conocimiento útil para la sociedad.
Esto no resulta sencillo porque para hacerse realidad es necesaria una renovación docente, ya que existen bastantes docentes que se han acomodado en la seguridad que les dan sus derechos laborales y el poder del voto, y no muestran disposición para comprometerse en la mejora de su práctica o en la actualización de lo que enseñan.
Considero que otro desafío para el gobierno es pactar con las universidades públicas un aumento de presupuesto orientado sobre todo a la investigación y producción de conocimiento, con base en la presentación de resultados efectivos. Es cierto que las universidades requieren de mayor presupuesto, pero es cierto también que necesitan optimizar el uso de sus recursos.
Finalmente, es necesario también reformar las instancias encargadas del aseguramiento de la calidad educativa, de manera que éstas, de manera objetiva e independiente, realicen procesos de evaluación permanente de la educación y generen conocimiento útil para la toma decisiones en relación con la mejora permanente y gradual de la educación, de manera que nos vayamos acercando cada vez más a estándares internacionales.
La formación docente
Lamentablemente, hemos caído en una cultura de acumulación de certificados de cursos y diplomados, algunos de dudosa calidad, que más que fortalecer las competencias docentes y transformar efectivamente el trabajo que se hace en las aulas, sirven únicamente como documentación para presentarse a compulsas.
Si bien las universidades han subido los requisitos mínimos para los procesos de selección y admisión docente, requiriendo al menos diplomados o maestrías en educación y en las disciplinas en que desarrollan la docencia, en la práctica estos no son garantía de idoneidad para el ejercicio docente y persisten, quizá más de lo que pensamos, prácticas que priorizan la amistad o la política antes que la solvencia académica, pedagógica y ética al momento de seleccionar docentes.
En muchas de las universidades, no existen políticas claras de formación docente y los sistemas de seguimiento y permanencia docente no funcionan o no resultan eficientes para desarrollar una mejora permanente de la calidad educativa en las aulas.
Desafíos para el próximo gobierno: Generar una reforma de la formación inicial de maestros en las escuelas superiores de formación docente, asumiendo un modelo educativo claro, actualizado, bien fundamentado y contextualizado a la realidad y necesidades del contexto boliviano.
Para ello es fundamental generar programas para preparar a los docentes de las escuelas superiores de formación docente, tanto en aspectos académicos como humanos.
Es importante también considerar que las escuelas de formación docente necesitan contar con los mejores maestros, por lo cual el acceso a las mismas debería ser fruto de procesos exigentes, objetivos e imparciales que consideren: méritos, competencias docentes y producción intelectual. Asimismo, además de la capacitación deberían generarse mecanismos de evaluación permanente orientados a garantizar la calidad educativa de la formación de nuevos docentes.
En el caso de las universidades, sobre todo de las universidades públicas, si bien existe autonomía, el Estado tiene derecho a exigir la mejora permanente de la educación superior, por lo que debería requerir a las universidades, entre otras cosas, contar con políticas claras de selección, formación, actualización y permanencia docente, que se cristalicen en acciones concretas y efectivas, de manera que se garantice la correcta inversión de los recursos recibidos para formación superior.
Integración de la tecnología
La integración de la tecnología es un aspecto estratégico tanto para la mejora de la educación regular como superior. Al respecto, aún tenemos muchas deficiencias tanto en la educación primaria y secundaria como en la educación superior, aunque en esta última se han dado más avances.
Si aspiramos a alcanzar estándares de calidad a nivel internacional, la integración de la tecnología resulta importante y urgente, para ello debemos considerar dos aspectos esenciales a mi entender:
Superar la brecha digital: ya que Bolivia es uno de los países que tiene el internet más caro y más lento de Latinoamérica. Si bien se reporta que en el último año 70% de la población tuvo acceso a internet, hay un 30% que queda en situación de desventaja. A ello se suma que la velocidad y calidad de la conexión de este 70% no siempre son las requeridas para el desarrollo normal de procesos formativos.
Superar la brecha didáctica: que tiene que ver con saber cómo utilizar la tecnología para potenciar las posibilidades de aprendizaje de los estudiantes. No se trata solo de enseñar a los docentes y estudiantes el uso de diversas aplicaciones o de la inteligencia artificial (IA), sino que debe enseñarse también a utilizarlas de manera didáctica, para generar aprendizajes.
La tecnología puede abrir a los estudiantes el acceso a un mundo infinito de saberes, culturas y experiencias, que pueden ser aprovechados para potenciar sus procesos de aprendizaje e internacionalizar el currículo, y para dar a conocer al mundo su propia cultura, saberes y valores. Lograr aquello requiere, primero, contar con maestros preparados en el uso didáctico de la tecnología y en la gestión del conocimiento.
Por lo dicho anteriormente, la superación de la brecha digital y la brecha didáctica permitirá también mejorar la calidad de la formación virtual, que en otros países se va generalizando cada vez más y que en Bolivia se ha estigmatizado como de baja calidad, debido a la improvisación realizada en la pandemia. La educación virtual funciona, y funciona muy bien si se sabe cómo llevarla adelante. De hecho, muchas universidades en el mundo y en Bolivia tienen experiencias interesantes de educación virtual de calidad.
Desafíos para el próximo gobierno: Inversión para facilitar el acceso a internet de calidad para las escuelas y los estudiantes, considerando que aproximadamente un 30% de la población está en situación de inequidad.
Generar políticas de formación docente orientadas al uso de la tecnología para el aprendizaje y empoderamiento de los profesores y de los estudiantes.
La participación de la sociedad
La participación de los progenitores en la educación de sus hijos es otro aspecto que preocupa, sobre todo en la formación regular. Si bien las últimas reformas educativas han abierto espacios para la participación de los padres y madres en el proceso educativo de sus hijos, esta ha sido malinterpretada a tal punto que muchos de ellos creen que tienen derecho a decirles a los docentes cómo deben hacer su trabajo y se ha generalizado una cultura en la que los profesores temen a los padres de familia y a los procesos que puedan hacerles, a partir de controversias con ellos, en muchos casos totalmente injustificadas.
A la larga, esto desmotiva a los maestros y les impide forjar en los estudiantes una cultura de exigencia y autoexigencia académica, que será esencial más adelante para tener éxito en la educación superior y en la vida profesional.
Desafíos para el nuevo gobierno: Si bien algunos candidatos a la Presidencia hablaron de dar mayor participación a los padres de familia, debe establecerse con claridad en qué consiste esta participación, desde el respeto a la profesionalidad, a la experiencia y a la dignidad del maestro. Es cierto que hay malos maestros, pero hay muchos muy buenos, que ven coartados sus deseos de mejora e innovación porque a uno o dos padres de familia se les ocurre disentir con lo que se hace en el aula, porque consideran que sus hijos deben ser prioridad para el maestro, desconociendo que en el aula existen por lo general 30 o 40 niños más, que también requieren atención.
Resulta fundamental establecer que el padre de familia tiene un rol de colaborador del proceso formativo de sus hijos, desde el hogar, y quien tiene la responsabilidad y competencia para la enseñanza es el maestro. Asimismo, debe quedar claro que la educación emocional y en valores es en primera instancia responsabilidad de la familia y no puede delegarse totalmente a la escuela.
El docente vive hoy una situación de indefensión frente a los caprichos o al desconocimiento de los procesos pedagógicos por parte de los padres y madres. En tal sentido, así como es necesario sancionar a los docentes que cometen irregularidades, es necesario generar también condiciones que garanticen el trabajo pedagógico sin injerencias externas injustificadas.
En definitiva, el desafío está en generar condiciones para que exista sinergia y no controversia.
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