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Miriam Telma Jemio, Guardiana (Bolivia)

Martes 5 de mayo de 2020.- María vive en Chinchaya, área rural del municipio de La Paz. Se levanta a la una de la madrugada. A las dos, saca sus bolsas de verduras al camino. Debe evitar pasar por la tranca de control y tomar el vehículo que la dejará en el puente Avaroa. De allí, debe llegar antes de las cinco de la mañana al mercado Rodríguez de la ciudad de La Paz para vender sus productos.

“Las patrullas nos encuentran a las cinco de la mañana, más o menos. Por eso tratamos de llegar más temprano, por miedo. Como no teníamos permiso ni nada, el subalcalde tampoco quería darnos, nos siguen molestando en algunas partes. En la Illampu nos han encontrado las patrullas. Esas patrullas cobran para pasar. Hay ratos en que pasamos de buena suerte, pero a veces las patrullas están y no hay caso de pasar”, cuenta la agricultora de Chinchaya.

Como ella, otros pequeños agricultores del país han tenido problemas para abastecer con su producción a las ciudades durante la cuarentena total que aún rige en el país.

Bolivia implementó la medida para evitar que la enfermedad originada por el coronavirus, Covid-19, se expanda con rapidez y colapse el sistema de salud, comenzó el 22 de marzo y se ha ampliado hasta el 10 de mayo.

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Tiempo de cosecha

“Es temporada alta de cosecha. Los alimentos deben llegar desde el campo. Las comunidades se están dando los medios para hacerlo frente a las restricciones de la cuarentena”, dice Katherine Fernández, coordinadora de la Plataforma Agrobolsas Surtidas, organización que trabaja con comunidades rurales.

Muchos agricultores no han sacado sus productos de sus comunidades por falta de transporte. Otros no pudieron llegar con los alimentos a las ciudades por la exigencia de los permisos del Ministerio de Gobierno. Algunos municipios no dan autorizaciones de circulación.

Para garantizar la distribución de alimentos durante la cuarentena, el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, aseguró que “los vehículos que transportan alimentos no necesitan un pase para transportarlos. Esa gente está protegida porque alimenta al país”.

“Eso (de que no se necesita permiso) es un saludo a la bandera. Yo tengo que estar explicando que tengo el permiso de la Subalcaldía de Zongo. Algunas veces me dejan, la mayoría de las veces me cuestionan. Entonces ya no voy, porque cada rato tengo que estar inventándome cosas para que me dejen pasar con mis productos”, lamenta Félix Mollericona, agricultor del municipio de Escoma.

La cosecha de papa, haba, quinua y algunas hortalizas la vendía en la ciudad de La Paz, por eso el vehículo en el que transportaba su producción desde Escoma cuenta con el permiso del municipio de La Paz.

“Los policías y militares hacen control. El Gobierno dice que todo carro cargado con alimentos puede circular, pero no es así. Raro es el lugar donde te dejan pasar. Cuando ya estamos llegando a El Alto o a La Paz, ven tus productos y te hacen pasar sin problemas, mientras que en las provincias no quieren saber nada”, explica Mollericona.

Las denuncias de cobros que hacen policías que custodian en las provincias se han dado en diversas regiones del país. En las redes sociales se mostraron imágenes de esas irregularidades como se ve en el siguiente video: Policías interceptan un camión en el camino a Colquiri.

https://youtu.be/st-m7t9lhm0
C4mil Noticias Bolivia publicó, el 29 de abril, el video que muestra a policías deteniendo un camión en la vía a Colquiri.

En Chinchaya varios agricultores no han logrado salir ni una sola vez con sus productos. Allí producen, entre otros, zanahoria, papa, oca, haba, apio, lechuga, rabanito, nabo, arveja. “Esas cositas traemos. Somos varios productores. Tienen miedo salir. Según el número de carnet nos dicen. No hay movilidad. No tiene permiso. Por eso a uno no más nos dan. A veces nos anotamos en una lista y así no más salimos”, precisa Villanueva.

Pagar o dejar de vender

En otras regiones, los agricultores tienen que pagar para conseguir un permiso edil como denunciaron, por ejemplo, en el municipio de Yanacachi. Su alcalde Juan Wilfredo Cossío fue imputado por la presunta comisión de los delitos de uso indebido de influencias, concusión e incumplimiento de deberes, por la supuesta venta de permisos de circulación durante la cuarentena.

Mientras dure la cuarentena, Mollericona intenta obtener ingresos económicos. “Estoy perdiendo porque no puedo sacar desde Escoma. Allí, incluso, tengo mi pequeño molino para producir pito de cebada. En un día, tuesto y muelo, pero ya no se puede sacar”.

Cuenta que su esposa tiene el mismo problema. Ella vende carne de cordero. No ha podido llegar hasta La Paz. Él decidió trabajar con productos de los municipios de Batallas y de Viacha, que están cercanos a La Paz.

Para Mollericona el panorama no es alentador. “Ahora, Viacha también está todo trancado. Eso me dificulta traer los quesos para mis caseros. Ya no se puede por eso también debe subir el precio”, lamenta.

Sobre el tema, la pasada semana el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) emitió un voto resolutivo declarándose en emergencia. Alega que no existe coordinación para sacar sus productos desde sus comunidades hasta las ciudades. Dio un plazo de 48 horas para dialogar con el Gobierno.

Dirigentes del Conamaq, en la plaza Murillo, conminan al Gobierno a coordinar y poder sacar sus productos hacia las ciudades (foto: Daniel Miranda/APG).
Algunos apoyos

Hay iniciativas para apoyar a los pequeños agricultores, como “Los Supermercados de la Agricultura Familiar” que impulsan varias instituciones, entre ellas la FAO y el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, incluso proveen de transporte para el traslado de productos desde las diferentes comunidades hacia los centros de abastecimiento.

También en La Paz, la Alcaldía impulsa los mercados móviles, que se instalan dos veces por semana, a los cuales se pueden adherir los productores para vender en los barrios paceños, de acuerdo a un cronograma establecido. Pero deben competir con empresas de alimentos por los cupos que son limitados y, además, si no tienen vehículo propio no pueden trasladarse hasta los barrios.

El mercado móvil instalado en Cotahuma (foto: AMN).

De todos modos, hay agricultores que no pueden vender su producción como pasó en los municipios de Taraco, Colquencha y Calamarca, Jesús de Machaca y Tiahuanaco, donde han tenido una buena producción de papa, según el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca).

Freddy Villagómez, director del Cipca de la región Altiplano, explica que las familias productoras están preocupadas porque están en época de cosecha y no pueden sacar los alimentos por falta de movilidades.  Villagómez comentó que los camiones que llevan alimentos son retenidos al regresar a los pueblos porque “no tienen autorización”.

A ello se suma que, algunos transportistas, prefieren no trabajar por miedo a contagiarse de la Covid-19.

Vender con el miedo al contagio

La Plataforma Agrobolsas Surtidas trabaja en la articulación de los productores agrícolas con las ciudades. Los agricultores organizados hacen una venta breve en la ciudad de La Paz, de dos a tres horas. Luego, vuelven a sus comunidades con una serie de mandados para abastecer a sus comunidades. Por ejemplo, abarrotes como fideos, arroz, sal y aceite, principalmente.

“Traer las cargas de alimentos, vender y luego irse. Esta planificación es ardua. Más cuando, en algunas comunidades se dan media vuelta porque no les dejan entrar a las ciudades”, remarca Fernández.

Durante la venta de sus productos, las y los agricultores portan barbijos y guantes. A pesar de ello, no están 100% libres de contraer la Covid-19 (foto: Plataforma Agrobolsas).

Los agricultores están lidiando entre el miedo al contagio y la necesidad de vender. El panorama se complica más ante el avance de casos confirmado de Covid-19. “Los agricultores están buscando abastecer de alimentos y evitar que el contagio llegue de la ciudad al campo. Eso sería devastador”, alerta Fernández.

Mollericona cuenta que se cuida fumigando: “Cuando llego al lugar todo fumigo y listo. Siempre falta una bolsita, estamos recibiendo y estamos desinfectando”.

Para él el intercambio del dinero es el problema. Piensa que se tendría que usar un recipiente para desinfectar el dinero cuando se recibe y se da cambios. “Hay cosas que cambiar. Yo donde voy a vender con una tiza en el piso dibujo redonditos para que la gente tome distancia. Algunos entienden y se separan. Un poquito hay que ordenar de a buenas. Pero otros dicen '¡ah!' y se escapan los clientes”.

Villanueva, en cambio, dice que se cuida tomando infusiones de yerbas como la manzanilla o de eucalipto, entre una variedad de nombres no muy conocidos en la ciudad, pero que abundan en su comunidad.

Lo que le preocupa a Fernández es que en algunas comunidades impiden el ingreso de los agricultores por el miedo a que hayan contraído la Covid-19.

Preparar la despensa de 2020

Conocedora de la actividad agrícola, Fernández enfatizó, en una charla virtual organizada por la Plataforma Bolivia Frente al Cambio Climático, en lo que viene tras la cuarentena, sobre todo en invierno y la temporada seca.

“Estamos en el punto clave, aunque tenemos incertidumbre, tenemos que pensar en qué estrategias se van establecer para planificar la despensa hasta fin de año”.

Katherine Fernández, coordinadora de la Plataforma Agrobolsas Surtidas, organización que trabaja con comunidades rurales.

A su criterio, ante una emergencia sanitaria lo que se necesita son alimentos de calidad y eso no se encuentra en las tiendas de barrio. "¿Qué nos espera en la segunda mitad del año? ¿Los enlatados nos van a servir para aguantar la segunda parte del año?".

Recordó que antes se deshidrataba y congelaba alimentos para temporadas largas como la carne, la papa y la oca. “Las familias podían prever la comida para un año. Pero hemos perdido la costumbre, el conocimiento de cómo se almacena”, lamentó la coordinadora de la Plataforma Agrobolsas Surtidas.

Aunque eso es posible hacerlo, hay que actuar de acuerdo a la ocasión, dice, ahora “es una temporada bastante crítica”. Alertó que aunque se tenga recursos económicos, es posible que no se encuentre alimentos para comprar. Plantea la intensificación del uso de las carpas solares, para tener alimentos en la temporada seca.

Se puede deshidratar frutas, por ejemplo, la papaya como indica en su página de Facebook la Plataforma Agrobolsas Surtidas.

En algunas comunidades, los campesinos están deshidratando algunos productos. En otras no por miedo a no tener mercado para venderlo. “Se hacen pequeños talleres. Tienen que acopiar, manejar bien para que no se pierda el producto, para que lo hagan con higiene”, cuenta.

Aunque explica que la mayoría “no quiere escuchar nada de hacer transformación, solo quiere sacar su cosecha y vender para aprovechar el precio”.

Por ahora, hasta el 10 de mayo, los pequeños agricultores seguirán sacando los productos cosechados hacia las ciudades en las mismas condiciones. Con más limitaciones porque, por ejemplo en La Paz, la alcaldía extendió el perímetro de control de ingreso a los principales mercados como el Rodríguez, donde dejan sus productos.

La incertidumbre está latente para ellos. No se conoce cómo trabajarán desde el 11 de mayo, cuando rijan nuevas medidas por la flexibilización de la cuarentena, que además será regionalizada.

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