Este 2025, mucho se ha dicho y hecho en relación al proceso electoral. Varias fuerzas políticas empezaron a hacer campañas en redes sociales y a encargar encuestas pagadas mucho antes de iniciado el plazo oficial. De hecho, existe evidencia de las empresas verificadoras en el país de que la mayoría de esas encuestas no fue científica ni seria porque sólo fueron utilizadas para confundir a la opinión pública con desinformación.
En la primera vuelta, los candidatos y otros actores de la política se enfrentaron unos a otros, sacando a relucir “los trapitos sucios” de su pasado político y también los entretelones de la vida personal como el de aquel candidato que contrajo nupcias u otro cuyo hijo tiene una opción sexual diferente fue ridiculizado por ello. Creo que hubo una confusión y varios candidatos asumieron que hoy se trata de tener reacciones en redes sociales, no importa si son a costa de burlas, risa, insultos, elogios, memes caricaturizándolos, humillándolos y ridiculizándolos.
La antigua forma de hacer propaganda presentaba una imagen “intachable” de cada candidato y en los debates se demostraba su alto grado de conocimiento, habilidad de oratoria y promesas políticas con slogans rimbombantes que entiéndase tampoco eran grandes propuestas. Claro que al asumir los puestos como funcionarios públicos olvidaban lo comprometido para dedicarse a otros asuntos más lucrativos que cumplir con su función en la gestión pública.
De igual forma, varios de los salientes diputados y senadores ocuparon su asiento parlamentario por más una década y si se realiza una auditoría ciudadana de su aporte real al país, me temo que sería muy poco lo aportado a pesar de sus elevados salarios. Desafortunadamente, en la práctica se evidencia que varios y varias funcionarias públicas se acomodan en diferentes fuerzas políticas para seguir teniendo acceso al poder político y económico. Una vez se elija un nuevo presidente, seguramente presenciaremos lo mismo.
Un gobierno de “izquierda” asumió el poder en 2005 gracias en parte a falta de credibilidad y confianza de la ciudadanía hacia varios partidos de “derecha”; sin embargo, el gobierno de izquierda terminó cometiendo los mismos delitos que cuestionó a las otras fuerzas políticas. En el contexto actual, ¿será que los nuevos posibles gobernantes de centro derecha y derecha que cuestionan al gobierno saliente, uno de los peores en los últimos 40 años, no volverán a hacer lo mismo que sus predecesores?
El voto de la primera vuelta en las elecciones nacionales evidenció que la ciudadanía boliviana votó de forma diferente, según algunas analistas con un “voto castigo” o de rechazo al Movimiento al Socialismo. Esos resultados sorprendieron y nos desafían a comprender qué y cómo piensa la ciudadanía boliviana; sin duda, existen contradicciones permanentes y temas no resueltos como el de la identidad. Una identidad cuestionada, ninguneada y oculta que con frecuencia se visibiliza en el racismo y discriminación racial, político-ideológica, de género y de clase por citar algunas de las principales categorías de análisis socio-antropológico.
Luego de 20 años de un discurso que enarbolaba lo indígena como positivo, como discurso de reivindicación y justicia social, me temo que ese discurso disminuirá su efervescencia o al menos será más moderado. El país que tenemos no es el mismo, como no es la misma gente que lo habita. Cambiamos, no sé si evolucionamos sería el concepto adecuado, tal vez un poco, pero los resabios del colonialismo interno, los prejuicios, estereotipos, el machismo, la misógina y la homofobia siguen vigentes, cambiaron poco o nada.
En ese escenario, cabe la pregunta sobre qué nos espera en estas semanas previas a la segunda vuelta entre dos candidatos con la mayor votación, qué nos deparará el futuro inmediato. Desafortunadamente empezamos mal con un candidato a la vicepresidencia hablando demasiado, actitud y declaraciones como una contra propaganda que él mismo está liderando. Seguramente ya se lo dijeron y expresarse desafiando incluso el liderazgo de quien lo invitó a sumarse habrá costado más de un dolor de cabeza. ¿Pensará gobernar con el hígado? Espero que use más la cabeza, la templanza y la visión de justicia que posee le permita ser más cauto.
Al día siguiente de los resultados de la votación del 17 de agosto empezó la guerra sucia y se viralizaron discursos de odio en redes contra un bando y contra el otro. Es verdad que uno de los candidatos tiene un pasado político al menos cuestionable, su candidato a vicepresidente tampoco colaboró antes con declaraciones superfluas, algo inmaduras e improvisadas. Sea quien sea que asuma el gobierno tendrá un gobierno débil cuya legitimidad será permanentemente cuestionada desde una oposición disminuida.
¿Qué realmente le espera al país? ¿Más cortinas de humo como el “intento” o “autogolpe” de Estado? ¿El cambio del Alto Mando Militar a pocas horas de la votación en la primera vuelta o la liberación de ciertos políticos? ¿Por qué los incendios forestales, la devastación de nuestros recursos forestales, de la flora y fauna son apenas noticia? ¿Por qué estarán algunos funcionarios más preocupados para terminar su gestión en lugar de intentar hacer algo del trabajo por el que reciben un salario? No hablo de quienes reciben un salario honestamente, me refiero a los funcionarios de rangos altos que negocian con el país y sus almas sin ningún escrúpulo.
El liderazgo que espero es más responsable y comprometido, pero en los próximos meses veremos si quienes resulten ganadores de la segunda vuelta en las elecciones nacionales dan la talla de grandeza que esperan y merecen las y los bolivianos.
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