Ya hemos pasado la centena de casos confirmados de sarampión y el millar de sospechosos de portar esta enfermedad viral, encontrándose la mayor cantidad de casos en el departamento de Santa Cruz (106 casos); lo que lleva a la pregunta del título de esta columna: ¿Qué ha pasado en ese departamento? ¿La mayoría de cruceños son del movimiento antivacunas? ¿Los padres y madres de ese departamento son tan descuidados con sus hijos e hijas? ¿Están fallando las políticas públicas de salud preventiva? ¿Ya no piden el carnet de vacunas antes de inscribirse a cualquier unidad educativa del país como anteriormente se estilaba? ¿Es otro de los efectos de la pandemia de Covid-19?
Al parecer muchas de estas preguntas la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de Salud han ido respondiendo, puesto que el brote de sarampión no es un problema sólo en Bolivia, sino en la región y en el mundo. Se indica que el año 2023 fallecieron alrededor de 107.500 personas por esta enfermedad, en su mayoría niños menores de 5 años y se debía que el mal estaba bastante controlado en las Américas, tendencia que se revirtió entre finales del 2024 y lo que va de este año.
Además de las muertes que causa, el sarampión puede tener graves consecuencias para la salud, algunas de ellas permanentes. Los lactantes y los niños pequeños son los más vulnerables a estas complicaciones graves, que incluyen ceguera, neumonía y encefalitis, una infección que provoca inflamación del cerebro y puede causar lesiones cerebrales, con las complicaciones que conlleva, más en países como el nuestro con un sistema de salud completamente deficiente.
Otro de los puntos fuertes que refieren las organizaciones internacionales de salud es que esta enfermedad es completamente prevenible con las dos dosis de vacunas, que se comenzó a realizar desde 1963 aproximadamente, siendo que después de una dosis única administrada a niños de 9 meses, el 85% adquieren inmunidad, esta cifra aumenta al 95% si de administra a niños de 12 meses o más. Después de la administración de una segunda dosis, el porcentaje de efectividad aumenta al 96%.
Los expertos señalan que cuando el índice de vacunación dentro de una población es superior al 93%, los brotes de sarampión casi no ocurren; sin embargo, pueden reaparecer si el índice de vacunación desciende por debajo de ese porcentaje y esto último es lo que está ocurriendo en varios países de la región, donde los niños y niñas no están siendo vacunados. El Ministerio de Salud y Deportes informó que el 40% de la población boliviana no ha recibido las dos dosis, lo que demuestra una falla terrible del sistema de salud,
Como se dijo anteriormente, para que la enfermedad no sea un problema, de cada 100 personas 94 a 96 deben haber recibido las dos dosis. En Bolivia los datos mostrarían que sólo 60 personas lo hicieron, por lo que esto realmente puede ser muy complicado si no se adoptan medidas urgentes.
Un segundo punto relevante al que hacen referencia varios documentos de salud tiene que ver con el movimiento antivacunas, que justamente ganó impulso con la publicación de un estudio en 1998 que sugería un vínculo entre la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo. Aunque este estudio fue desmentido y retirado, el daño estaba hecho y la desconfianza hacia las vacunas se había propagado,
El movimiento tomó bastante fuerza los últimos años principalmente gracias a las redes sociales y personas con influencia pública. No olvidemos que incluso el secretario de Salud del gobierno de Donald Trump es un conocido y polémico activista antivacunas, Robert F. Kennedy Jr., que en sus primeras apariciones públicas se negó a afirmar que las vacunas no están relacionadas con el autismo o que las de la Covid-19 salvaron millones de vidas, argumentando que todavía tiene dudas sobre la seguridad de las mismas. Estados Unidos es uno de los países donde el brote de sarampión está siendo muy fuerte.
Esperemos que estas posiciones retrógradas y conservadoras, que tienen muchas veces relación con movimientos religiosos, filosóficos y partidarios de derecha, no sean una de las causas de nuestros problemas actuales con el sarampión que tiende a agravarse.
No queda más que desde el Estado y la sociedad civil mejorar los canales de educación y comunicación efectiva, con campañas de información clara y transparente basadas en evidencia médico-científica. Debe señalarse claramente y con pruebas objetivas los posibles efectos secundarios de cualquier tipo de vacuna. Por otra parte, el gobierno, a través de las autoridades de salud, debe promover campañas de vacunación masiva; establecer normativa que obligue a los posibles afectados/as a vacunarse como requisito para acceder al sistema educativo. En esta época, es esencial utilizar redes sociales y otras plataformas para difundir información, revertir la desinformación antivacunas.
Finalmente, el gobierno debe plantearse si no hay otras enfermedades que puedan ser un riesgo como lo es hoy el sarampión para plantearse campañas amplias y permanentes, porque es una vergüenza que actualmente se esté mendigando vacunas a nuestros países hermanos, lo que es otra muestra del fracaso del modelo económico del MAS y el humo que nos vendieron durante estos años tanto Morales como Arce.
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