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Por Richard Aranda Fernández y Beimar Choque Herrera*

Lunes 11 de mayo de 2020.- Secos... Así quedaron los riñones de Richard Aguilar Quilo (28 años), desde el día en que casi pierde la vida por falta de respiración. Postrado en el sillón mientras espera ser conectado mediante dos pinchazos en el brazo, Richard recuerda que antes de enfermarse, podía comer cualquier comida o servirse todo tipo de bebidas, mucho más viviendo en Cochabamba y habiendo nacido en Quillacollo, donde se ofrece una amplia variedad de platos. Ahora debe comer muy sano con verduras cocidas y frutas.

En la ciudad de Cochabamba se ha incrementado en un 27 por ciento en los últimos dos años el número de pacientes jóvenes con enfermedad crónica renal. Así, de un día para otro, la vida de quienes tienen entre 18 y 35 años da un vuelco de 180 grados. Y no siempre encuentran el apoyo familiar que necesitan para enfrentar el tratamiento que implica otro tipo de alimentación, medicación y el resto de lo que significa una subsistencia diaria, sin siquiera contar con todos los sueños que pudieran verse frustrados o, por lo menos, congelados.

Registro del Sedes de Cochabamba (foto: Richard Aranda).

Los riñones son órganos en forma de frijol y cada uno tiene, más o menos, el tamaño de un puño. Se localizan cerca de la parte media de la espalda y son avanzadas máquinas que procesan la sangre para eliminar alrededor de dos litros de productos de desecho y agua en exceso al día, que se convierten en orina que fluye hacia la vejiga a través de unos conductos llamados uréteres. Si los riñones no los eliminaran, estos desechos se acumularían en la sangre y dañarían el cuerpo. La mayoría de los problemas en los riñones ocurre lentamente, convirtiéndose en una enfermedad “silenciosa” durante años.

La pérdida de la función renal se conoce como enfermedad renal crónica (ERC). Quienes la padecen corren un alto riesgo de fallecer debido a un derrame cerebral o ataque al corazón.

Las personas cuya enfermedad renal ha empeorado no solo necesitarán un trasplante de riñón a la larga, sino que en la vida diaria podrían necesitar orinar con mayor o menor frecuencia, sentirse cansadas, perder el apetito o tener náuseas, tener las manos y pies hinchados, sentirse con sueño o con dificultad para concentrarse, tener más oscura la piel y calambres musculares.

Antes de los trasplantes, terminan dependiendo de una máquina de hemodiálisis que reemplaza el funcionamiento que deberían cumplir los riñones. A dicha máquina, las y los enfermos deben ser conectados tres veces por semana, hasta que les puedan trasplantar un riñón, si es que quieren seguir con vida.

El aumento del problema

Para determinar las causantes de esta enfermedad se deben describir los factores de riesgo que aportan al inicio de esta afección. En la ciudad de Cochabamba estos se asocian en primer lugar a la diabetes en un 47 por ciento de los casos, a la hipertensión en un 35 por ciento (asociada al sobrepeso) y en un 18 por ciento a infecciones urinarias, causas obstructivas prostáticas en los varones y al lupus que se vincula al mal funcionamiento de los glóbulos en la sangre. La edad avanzada también es un factor de riesgo.

Ya no es solo un problema de adultos, ahora lo padecen otras poblaciones que ni siquiera pasan de los 35 años. Con respecto al departamento de Cochabamba, se tienen reportes de un incremento del 27 por ciento de nuevos casos en los últimos dos años de jóvenes con ERC. Esta subida alarma a los médicos y da lugar a la pregunta, para quien investiga el tema, de qué está pasando para que tal situación se esté produciendo cuando antes eran personas por encima de los 50 años las que padecían esta enfermedad.

Para cumplir al programa de hemodiálisis gratuita, los pacientes deben cumplir una serie de pasos. El médico Ramiro Coca Basto, responsable de Salud Renal del Servicio Departamental de Salud (Sedes), explica qué se necesita para acceder a la hemodiálisis gratuita:

  • Informe médico emitido por el hospital Viedma
  • Una hoja de contrarreferencia (referir a otro establecimiento de mayor capacidad por orden médica).
  • Formulario de los seguros a corto plazo y llenados con una firma que certifique que los pacientes no tienen seguros a corto plazo.
  • La inscripción al Sistema Único de Salud (SUS)
  • Un croquis del lugar donde vive la persona enferma.
  • Fotocopia del carnet de identidad de la persona enferma.
  • Una carta dirigida del paciente al Director General de Servicios de Salud del Ministerio de Salud.
Médico Ramiro Coca Basto, responsable de Salud Renal del Sedes (foto: Richard Aranda).

En la ciudad de Cochabamba se realiza hemodiálisis en 17 centros médicos públicos y privados. Y cada mes registran a personas más jóvenes en edad productiva en relación a las que ingresaban antes. En los tres últimos años no pasaron desapercibidos estos casos.

Este tratamiento tiene un costo que, de acuerdo a la Ley 1152 del Ministerio de Salud, es de 713 bolivianos por sesión y al mes suman 14 sesiones con un costo de 9.982 bolivianos por cada paciente. Sin embargo, una vez cumplidos con los requisitos y derivado el paciente al centro más cercano a su domicilio, ya puede hacerse dializar de manera gratuita.

“Yo ya no trabajo. Vivo lo que puedo día a día. Lo que quería era trabajar por mis hijos, sacarlos profesionales, pero solo Dios sabe hasta dónde voy a llegar, hasta cuándo los voy a acompañar a mis hijos”.

Lucy Limachi Flores (35 años)
Fístula en proceso de hemodiálisis que dura cuatro horas y se realiza tres veces por semana (foto: Beimar Choque).

El procedimiento de la hemodiálisis requiere de una máquina para extraer sangre del cuerpo, filtrarla y bombear sangre limpia al interior del cuerpo lentamente. El proceso de filtración tiene lugar en una parte de la máquina llamada dializador o riñón artificial.

Sin embargo, para echar a andar todo el tratamiento no es suficiente la asistencia de una sola persona. Más bien, se requiere el esfuerzo coordinado de todo su equipo de profesionales de la salud que incluyen a un nefrólogo, médico internista, enfermero de diálisis y un nutricionista. “Sí, tratamos de proveer de comodidad, ante todo; segundo, es importante contar con un equipo multidisciplinario para que los nefrólogos los examinen. De mi parte yo los veo de la parte interna con la intención de mantenerlos estables, evitando al máximo una hospitalización, porque su mortalidad aumenta tremendamente”, explica el director del centro de Hemodiálisis María Esperanza, Ever Luizaga Coca.

Las funciones que deben cumplir las y los enfermeros para la hemodiálisis incluye una fase tecnológica imprescindible para el desarrollo del proceso que incluye el montaje y desmontaje de monitores, control de aguas, flujos, datos o conocimientos informáticos y técnicos de las máquinas que intervienen en el tratamiento. También existe un protocolo para la punción de las venas donde está la fistula o catéter (dispositivo en la cavidad de la mano o el cuello que se usa para extraer sangre y administrar tratamientos), toma de signos vitales y atender y solucionar complicaciones.

Richard Aguilar Quilo, de 28 años, dobla la mano derecha y muestra las cicatrices que van quedando después de cada sesión. “Sí es complicado porque yo he estado tiempito con catéter, porque tenía miedo. Ahora por ahí me inyectan y las venas empiezan a crecer, es mejor que el catéter, porque tienes más libertad de moverte, pero no puedo alzar pesos. Es doloroso el pinchazo, luego normal es, las agujas un poco gruesas son. Pero ya me acostumbrado hace tiempito”.

Entre los 90 pacientes, cinco son los jóvenes que reciben este tratamiento actualmente en el centro de Hemodiálisis María Esperanza, ubicado en Sacaba, en la avenida Villazón, a tres kilómetros de la ciudad de Cochabamba.

Paciente de 23 años que espera ser conectado a la máquina de diálisis en el Centro de Hemodiálisis María Esperanza (foto: Beimar Choque).
Los gastos de la enfermedad

Debido a las limitaciones que acarrea el padecer esta enfermedad, muchos de los pacientes deben abandonar su vida laboral, lo que provoca en la familia grandes conflictos pues se ve afectada la economía familiar y esta persona se vuelve dependiente de sus familiares para su sustento y para la realización de las labores hogareñas.

Lucy Limachi Flores, de 35 años, recuerda cómo trabajaba todos los días por sus pequeños y ahora depende de la ayuda de su esposo. “Yo ya no trabajo. Vivo lo que puedo día a día. Lo que quería era trabajar por mis hijos, sacarlos profesionales, pero solo Dios sabe hasta dónde voy a llegar, hasta cuándo los voy a acompañar a mis hijos”.

Y es que caer enfermo de los riñones conlleva estar en reposo y gastos económicos. Se llega a gastar al principio unos 3.500 bolivianos. En cuanto a la medicación, solicitan desde calmantes hasta vitaminas. Los medicamentos son administrados a lo largo de cada sesión. Se usa tramadol para el dolor muscular que cuesta 10 bolivianos cada inyectable, amlodipino o carvedilol para controlar la presión arterial que cuesta 2,30 bolivianos y el calcio en tableta para reforzar los huesos con un costo de 1,50 bolivianos.

La vida que dejaron atrás

Oliver Fernández Villarroel (23 años) recuerda que en el último año de colegio participó en los juegos plurinacionales, en la categoría fútbol. Ahora no puede ni caminar tres cuadras. Su corazón suena como tambor y las fosas nasales se empiezan a cerrar. Las rodillas le tiemblan y siente que se va a desmayar. “Por eso me quedo en casa y apoyo en lo que pueda a mi mamá, quien me ayuda económicamente”.

Los síntomas físicos de la enfermedad renal pueden incluir la sensación de tener un estado gripal todo el tiempo. Los enfermos pueden sentirse cansados y débiles, por eso les resulta difícil subir escaleras o dar una vuelta a la manzana. Pueden tener la necesidad de dormir más de lo normal. Pueden sentir frío todo el tiempo, como si tuvieran fiebre.

Estos síntomas, por lo general, se deben a la anemia (falta de glóbulos rojos), la cual se puede tratar. Además, una de las recomendaciones médicas es permanecer lejos de gente enferma para evitar contagios porque su sistema de defensas es bajo.

El apoyo familiar necesario

Quienes tienen graves problemas en los riñones suelen atravesar por estados emocionales como tristeza, llanto, irritabilidad, intranquilidad, trastornos en el sueño y en la alimentación.

El apoyo de su familia, en esos momentos, es vital. Pero no siempre es así. Al principio, la madre, el padre, los hermanos y otros parientes están en todo momento e incluso se muestran dispuestos a donar un riñón. Pero con el tiempo esto cambia. Según Melany Coronel Ticona (31 años), administradora de la Unidad de Hemodiálisis María Esperanza, “la mayoría no tiene apoyo en cuanto a la medicación, la alimentación, el apoyo anímico, moral…”.

Luis Huanco Cruz (21 años) es el más joven del centro. Callado sonríe y luego mira nervioso para contar lo que tuvo que pasar solo, sin trabajo y con una pena que cargar, porque su familia vive en el trópico de Cochabamba. No lo puede ayudar mucho y, por ello, tiene que sustentarse con lo que cada semana le envía su familia.

“Solamente –contó Coronel– asistía dos veces por semana de las tres que se debe asistir (a la diálisis) y que por salud debía cumplir". Pero una buena conversación y demostrarle que en el centro de hemodiálisis tiene a su segunda familia, lo atrajo con confianza para ser más responsable.

Mientras observa los callos que quedaron en sus manos, el paciente Luis Huanco Cruz recuerda: “Yo trabajaba en la mina hasta que me detectaron esta enfermedad. Y me dijeron: ‘Ya no puedes trabajar aquí, tienes que ir a la ciudad a trabajar en algo más liviano'”.

De ese modo, lo que un día conocieron cambió de golpe. Ya no pueden comer lo mismo que comían; ya no pueden hacer el deporte que les apasionaba, ya no pueden estar cerca de personas enfermas que puedan contagiar; ya no pueden levantar pesos y temen, además, estar en cualquier momento muertos si no consiguen un trasplante de riñón que tampoco nadie le puede asegurar que va a funcionar.

Pensar dos veces en los alimentos

Una buena salud depende de muchos factores, entre ellos de la alimentación. Algunos alimentos pueden aumentar el rendimiento de los riñones, mientras que otros pueden causar daños.

Varias afecciones como la diabetes y la presión arterial alta pueden afectar la capacidad de los riñones para funcionar bien.

A medida que la función de estos órganos importantes para el cuerpo humano disminuye, la persona necesitará ingerir alimentos con menos fósforo y potasio. 

Para las personas con enfermedad renal, puede ser difícil recibir suficientes nutrientes de los alimentos, en especial si su dieta tiene limitada cantidad de proteínas.

“El estado nutricional es muy importante, ya que por la diálisis se pierde proteínas del cuerpo y las proteínas pues forman parte de las defensas del organismo. Por lo cual, si no tienes una buena nutrición y tienes una hemodiálisis, las defensas bajarán y serás más propenso a que tengas procesos infecciosos”.

Yasmani Poza Almanza, médico nefrólogo.

¿CUÁNDO DEBE ESTAR MÁS ALERTA PARA IR AL MÉDICO?
  • Si sufre hipertensión arterial
  • Si es diabético/a
  • Si tiene dolor lumbar o tuvo cólicos renales
  • Si se hinchan los ojos, las manos y los pies
  • Si orina frecuentemente, especialmente de noche
  • Si sufre de ardor o presenta dificultad al orinar
  • Si aparece espuma o sangre en su orina
  • Si su hijo sufre retardo en el crecimiento
  • ¡Acuda a su centro de salud más cercano y solicite las pruebas de creatinina y proteinuria gratuitos!
  • Estilo de vida saludable para riñones sanos
  • Realice actividades físicas a diario
  • Beba de 2 a 3 litros de agua por día
  • Tenga una alimentación saludable
  • Disminuya el consumo de sal
  • Monitoree su presión arterial
  • Evite fumar y consumir bebidas alcohólicas
Para mayor información llama al: 800-1000-70

*Este reportaje forma parte de los reportajes entregados como trabajo final del Diplomado de Investigación Periodística de la Universidad Mayor de San Simón. En este caso se trata de reportajes trabajados durante la cuarentena bajo la tutoría de la periodista y directora de Guardiana Amparo Canedo. Los autores del reportaje y el director de Posgrado de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UMSS, magíster Marcelo Arancibia, autorizaron la difusión de este material.

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