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Por Rafael Sagárnaga López //

Entre los mayores hechos de corrupción estatal que se han producido en el país en los últimos 30 años, ¿cuál es el mayor? Pongámoslo de otra forma, ¿cuál es el más grande asalto que han realizado los políticos bolivianos en las últimas tres décadas?

¿Será el realizado contra el Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas Originarios y Comunidades Campesinas (Fondioc) y sus 463 millones de dólares? A momentos, ese caso parece encabezar este virtual “ladronímetro”. Especialmente si consideramos que, por primera vez, se habla de un reparto de cientos de millones de dólares entre contadas cabezas. O, al cambio, se trata del robo descarado de miles de millones de bolivianos: 3.167 millones, para mayor exactitud.

Sin embargo, hay más candidaturas al asalto del siglo XXI. ¿Fue la malbarata de las “capitalizaciones” que lanzó el MNR de Gonzalo Sánchez de Lozada y solaparon, hasta a regañadientes, los partidos neoliberales? Porque entonces, entre 1995 y 2002, la privatización mal disimulada de las empresas estatales derivó en holgadas vidas para decenas de políticos. Simultáneamente el otro resultado de aquellos negocios fue recesión y desempleo para millones de bolivianos. Sumando las empresas rifadas, sea ENTEL, sea ENFE, sea Lloyd, sea YPFB, etc., se movieron cerca de 1.675 millones de dólares (hoy equivaldrían a 3.562 millones de la divisa estadounidense).

Todo ello sin olvidar la fortuna que, por su cuenta y habilidades delictivas, logró acumular el propio Sánchez de Lozada. Materia de tesis el calcular el valor de las riquezas de las que se apropió dolosamente aquel dos veces primer mandatario. Muy probablemente, él solito le succionó a los bolivianos varios miles de millones de dólares y, es más, como se verá más adelante, lo sigue haciendo. Para mayores referencias leer “La Fortuna del Presidente”, de Andrés Soliz Rada, quien, a diferencia de cierta dama, no le tenía miedo a denunciar la corrupción que veía. 

Las reservas de la tentación

Otra candidatura a mayor asalto del siglo que corre en Bolivia: el despilfarro de las Reservas Internacionales (RRII) que se acumularon hasta 2015: ¡Más de 15 mil millones de dólares! En ese momento, Bolivia era el 15 país del mundo con más altas RRII en relación a su Producto Bruto Interno (PIB). Y, a manera de repartidor de feria, los jerarcas del MAS las lanzaron al ventilador de los proyectos fracasados: “Casi mil millones de dólares adjudicados a los responsables de YLB”, “2.891 millones se van para YPFB”, “265 milloncitos se van para la Industria Azucarera”…

Cuando ya quedaba poco, pero la crisis grande amenazaba, el saqueo del arca abierta de las RRII batió récords. Se llegaron a, virtualmente, empeñar las, en teoría y ley “intocables”, reservas de oro. Así, para el siguiente nivel ya sólo quedaba rematar las cajas fuertes, las puertas, el mobiliario y hasta las baterías de los baños del Banco Central de Bolivia (BCB).

Y eso que el manejo de las RRII, desde tiempos de Sánchez de Lozada, Banzer, Tuto, Jaime Paz, etc., tenía un singular secretito a voces: la adjudicación de custodia de las Reservas Internacionales a los bancos extranjeros. Las denuncias que circulan acá y más allá señalan que los poderosos bancos extranjeros ofrecen ciertos “incentivos” a las comisiones de adjudicación de los gobiernos. Lideradas por ministros del área y ejecutivos del BCB, estas comisiones deben decidir en qué banco ponen las RRII de su país. Ahí surgen los misteriosos mecanismos para decidir si, digamos, mil millones van al Chase Manhattan Bank, si 2 mil millones viajan al Banco Santander o al Morgan... “Ofrecer 0,5 por ciento de incentivo (diez millones de dólares) para el ejecutivo de algún poderoso banco internacional no es nada”, repiten las malas lenguas.     

Pero claro, mientras en tiempos neoliberales las Reservas Internacionales llegaron a 3.190 millones, como máximo (en 2005), en tiempos del MAS alcanzaron los 15.128 millones de dólares. ¿Cuánto significa el 0,5 por ciento de 15.128 millones de dólares al año? Bien puede significar parte del asalto o los asaltos. Pero tal vez sólo sean versiones de las malas lenguas, de tantas malas lenguas…

Cátedra en Chonchocoro

Quien seguramente resulta un experto en ese fenómeno es nada menos que el expresidente Luis Arce Catacora. Sus 38 de carrera como funcionario público (un récord) se concentró en el área de reservas del BCB, en el Ministerio de Economía y Finanzas (virtual cabeza del área) y en la Presidencia (cabeza del Estado). O sea, un apego casi congénito a las RRII y las finanzas del país.  

Probablemente, algo haya explicado en su cátedra universitaria con mayor solvencia que la materia de “Evaluación de proyectos”, mal usada a favor de uno de sus vástagos. Y quién sabe si su vocación pedagógica en los siguientes meses la aplique en la cárcel de San Pedro donde, tal vez, pueda dar mejores clases aún. Recordemos que otro jerarca del MAS, vinculado a estos temas se formó en esas “aulas”. Álvaro García Linera siempre recordó emocionado lo aprendido entre San Pedro y Chonchocoro. Y al parecer tuvo buenos catedráticos porque luego se convirtió en “el gerente de Bolivia”, tal cual lo definió su propio socio venezolano Carlos Enrique Gil.

Quién sabe si un día se sepa sobre los malos manejos de las RRII, ya sea desde las adjudicaciones a la banca internacional o vía la rifa de proyectos fracasados. Pero, simultáneamente a aquellos tiempos de marcada desaparición de los 15 mil millones y otros miles de millones más, la familia de Arce empezó a ostentar fortunas. García Linera lució su virtuosidad empresarial que cruzó desde Gravetal hasta Toyota y desde ATB y La Razón hasta diversos mercados inmobiliarios. Evo Morales, por su parte, recorría el país dándose vida de jeque, de esos que pueden tener un harén que incluya a niñitas. Claro, eso sólo para empezar la lista, la larga lista.     

Sin embargo, hay un botín de asalto aún mayor al Fondioc, la Capitalización e incluso las RRII. Se trata de un asalto con características aún más indignantes, por si más indignación cupiese, al sólo pensar en el caso Marco Aramayo. Un asalto que, para mayor porte, involucra a masistas y neoliberales, a políticos y empresarios, a banca local y transnacional. Por eso, probablemente, resulta silenciado, tanto en las grandes cadenas mediáticas o en la voz de los analistas que se codean con el poder.

Candidato número uno

Se trata de un fondo que ha acumulado nada menos de 28.224 millones de dólares. O sea, casi el doble de las RRII en su mejor momento, ocho veces el dinero que movió la Capitalización, casi 61 veces la plata del Fondioc. Un fondo que llega a equivaler al 75 por ciento del PIB boliviano. ¡El mayor fondo que se haya acumulado en la historia boliviana! Y un fondo que no pertenece precisamente al Estado sino que es fruto del sacrificado trabajo de un sector de los bolivianos: es el fondo que administra la Gestora de Seguridad Social. Corresponde al ahorro directo que cada trabajador formal realiza para garantizarse su jubilación y que se ve forzado a recuperar en 110 años, si puede.

“No están sus aportes de la Gestora, se los gastaron”, anunció el 1 de diciembre el presidente Rodrigo Paz Pereira. Y el asalto es evidente. Lo inició el Gobierno de Hugo Banzer en 1998, lo continuaron los demás. La deuda interna del país es básicamente con los jubilados y quienes aportan cada mes para su jubilación. Alegremente se comprometieron los gobiernos a garantizar lo que se prestaron. Alegremente también los responsables empezaron a favorecer a la banca privada nacional y a las empresas transnacionales con esos fondos. El cambalache de instrumentos financieros por réditos miserables y el riesgo de un colapso bordea lo que vendría a ser el mayor y más vergonzoso asalto de nuestra historia.

Abundantes datos y detalles es posible encontrar en la serie de reportajes que sobre el tema ha publicado el periódico El País de Tarija. Junto a este diario alguno que otro analista o medio alternativo reveló importante información. Empresas como Gravetal, Telecel, el grueso de los fondos de inversión de la banca, COBEE, las ferroviarias, etc., realizaron uso y abuso de la Gestora hoy, las AFP ayer. Incluso empresas mineras pertenecientes al supuestamente aborrecido Gonzalo Sánchez de Lozada fueron beneficiadas por los fondos de la Gestora administrada por el MAS.

Todo en plena complicidad con las autoridades de turno. El escándalo es de tal magnitud que el ya súper escandaloso caso del banco Fassil es apenas una pizca en las garras del pillaje. Son más de 28 mil millones y “no hay sus aportes, se los gastaron”, el Presidente de Bolivia lo dijo. ¡Tanta plata robada! ¡Tanta crisis! ¡Tanta pobreza! ¡Tantos ladrones! Bolivia merece un mejor destino y un extendido sentido de justicia debidamente aplicada.

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