Sí, el título suena extraño ¿verdad? Qué tendrían en común María Galindo y Charlie Kirk. Por un lado, tenemos una activista social de diferente orientación sexual (lesbiana) feminista, anarquista, lideresa de la organización “Mujeres Creando”, azote de los servidores y servidoras públicos, con un estilo rudo, intransigente y hasta violento; que muchos odian, a otros les agrada, claro, mientras no les toque el turno de un programa radial o una famosa “Barricada”, y un puñado cree que es el modelo de luchadora social que hay que seguir, por lo que la proponen como candidata a lo que fuere (Vicepresidenta, Defensora del Pueblo, etc.). Por el otro lado tenemos quizá la antítesis de la primera, también era un activista, conservador hasta la médula, extremadamente religioso, defensor de los presuntos valores de occidente. Para muchos en Estados Unidos era un peligro para el progresismo, feminismo, movimiento LGBTIQ+ y las ideas sociales, por ello su movimiento denominó Turning Point USA, que daba conferencias en universidades y centros sociales. Como ejemplo, los medios de comunicación estadounidenses señalan que en junio de este año, Kirk y su esposa instaron en un evento de tres mil mujeres a anteponer el matrimonio y la familia a sus carreras.
Hasta el momento parecería que ambos no tienen nada en común; aunque las acciones que ambos sufrieron en los pasados días les acercan. Fueron objeto de hechos violentos de diversa magnitud, qué casualidad, en centros universitarios.
María salió indemne del maltrato propinado por universitarios de la UPEA, por haberse presentado a esa institución pública de enseñanza superior a denunciar irregularidades y corrupción. El otro fue asesinado por un francotirador cuando realizaba un evento de debate con universitarios.
A partir de aquí, hay elementos que debemos analizar. En primera instancia, como describimos anteriormente, los personajes en cuestión son extremistas y cada uno tira hacia su ideología. Evidentemente, esto no debería causar gran estruendo, al final el derecho de libertad de pensamiento, conciencia, religión, libertad de expresión, de reunión, protesta y otras libertades de ejercicio ciudadano están garantizadas, en tanto no haya expresiones de odio, que convendría siempre tener en cuenta para ambos lados, pues como señala la ONU, éste es: "...cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita —o también comportamiento— , que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad".
En consecuencia, mientras no se llegue a lo anterior, y que al parecer nuestros personajes sí lo hacían y hacen, se debería respetar su accionar. ¿Por qué? Porque la violencia y el odio siempre engendran más violencia y odio, y los resultados son los que hemos visto. Los extremos sean de la ideología religiosa, política, etc. que se elija, siempre odian el equilibrio; lo ven como tibio, indefinido, criticable por no ser blanco o negro, sabiendo que la vida está llena de grises, rosas, azules, verdes, etc. y justamente ahí está la doctrina de los derechos humanos, que busca ese equilibrio, pero no se confunda, los derechos humanos no son neutros, su lineamiento es de respeto total a la dignidad humana y de igualdad formal y material.
Es cierto: todos somos iguales ante la ley (igualdad formal), pero esa igualdad debe ser real (igualdad material), por ello los derechos humanos apalancan a aquellos y aquellas que se encuentran en desventaja, y esto es lo que los extremistas detestan, irracionalmente no lo pueden digerir. Los conservadores siempre usan el argumento de que son “izquierdos humanos”, que son del movimiento “woke”, de las “feminazis” y “feministas” de los “progres”, sin darse cuenta de que los derechos y libertades civiles, los derechos sociales, económicos, culturales que tanta sangre y lágrimas han costado vienen justamente de luchas por equidad. Por su parte, es claro y evidente que la izquierda antigua y del “Siglo XXI”, así como otros grupos, han hecho un uso hipócrita de los derechos y libertades, los han abusado y prostituido, por eso la reacción de los movimientos conservadores como estamos atestiguando.
Otro de los puntos de preocupación y análisis es el lugar donde se produjeron los hechos. Galindo fue atacada en una universidad pública. Kirk fue asesinado en predios de una casa de estudios superiores en el estado de Utah. En ambos la cuestión resulta simbólica, pero de maneras diferentes. Por un lado, el hecho criollo nos muestra que en nuestras entidades educativas se instruye, pero no se enseña y difunden valores básicos para ese nivel como el debate de ideas diferentes, la libertad de enseñanza, el respeto al otro, la sana confrontación, respeto y tolerancia al diferente, por mucho que no nos guste o no estemos de acuerdo con sus ideas. Al otro lado, el asesino de Kirk aprovechó justamente que la víctima iba a hacer eso, a debatir, y hasta parecería que aventajó el momento de que se hablaba del control de armas para darle un balazo frente a cientos de estudiantes, como para dar ejemplo a los presentes y miles que vieron de que no se debe intercambiar ideas, debatir, contradecir.
Como vemos, estamos viviendo momentos delicados de la historia y no sólo en nuestro país, sino en el mundo. La violencia y la intolerancia están llegando a niveles muy serios. Los estudiantes de la universidad nacional o el joven francotirador quizá no se vean iguales, pero frente al espejo encontrarán demasiadas similitudes, unos con los puños y otros con un arma. Verán que ambos son extremistas, no soportan al diferente, no respetan sus ideas, su género, su posición política o religiosa, no toleran su existencia o su forma de vida, por lo tanto, de una u otra forma hay que acallarlo, neutralizarlo y al final mejor matarlo. Es preocupante, pero así están Bolivia y el mundo.
No queda más que seguir luchando y luchando, aunque suene tibio o detestable para los extremistas de ambos lados, por más derechos, más libertades, más igualdad y dignidad para todas y todos. No hay otro camino.
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