Curaduría de Guardiana (Bolivia)
Es importante cuidar la casa grande que tenemos, más conocida como planeta Tierra. Todas y todos tenemos la posibilidad de aportar en esta gigante tarea. Y es importante enseñar en el hogar y en los colegios cómo realizar a diario ese cuidado. Sin embargo, no se trata de aumentar los niveles de ecoansiedad de la que ya sufren las últimas generaciones.
La Asociación Americana de Psicología define la ecoansiedad como “el temor crónico a un cataclismo ambiental y el estrés causado por observar los impactos aparentemente irrevocables del cambio climático y por la preocupación ante el futuro propio y el de las futuras generaciones”.
El antecedente de este término es la solastalgia, una palabra creada en 2005 por el filósofo australiano Courtney Howard para describir la angustia generada al observar que el ser humano está destruyendo el medio ambiente.
En vez de infundirles temor o aumentar el que ya tienen, hay que dar el ejemplo sobre cómo cuidar el planeta, involucrarlos en actividades prácticas de cuidado y enseñarles la importancia de la naturaleza y sus recursos a través de juegos, historias y experiencias.
Sin embargo, no es tarea tan fácil. A veces ocurre que a pesar de que tanto en el colegio como en el hogar se insiste a los niños y adolescentes en algunos cuidados como, por ejemplo, el no ducharse más de 10 o 15 minutos, ellos terminan quedándose debajo del agua media hora. Ya parece ser una lucha diaria. Así es.
La emergencia climática exige una enseñanza ambiental decidida, pero también equilibrada. La Unesco define la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) como el proceso que aporta a las personas conocimientos, capacidades, valores, actitudes y comportamientos para vivir respetuosamente con el medio ambiente.
Guardiana te da al respecto algunos consejos:
1. El ejemplo informado es muy importante
Los niños y adolescentes aprenden mejor con ejemplos cercanos que con teorías abstractas. La psicóloga educativa Amaya Prado recuerda que el hogar es la principal fuente de aprendizaje social: los niños observan e imitan los hábitos de sus padres.
Por eso es fundamental integrar la sostenibilidad en lo cotidiano y también en lo lúdico. Actividades simples como clasificar residuos, cuidar un huerto o ahorrar agua en casa tienen mayor impacto formativo que un discurso alarmista. El juego, en este sentido, es un vehículo privilegiado: enseña sin moralizar, despierta curiosidad y refuerza aprendizajes duraderos.
- Los niños aprenden observando a sus padres. Si los niños ven que los padres reciclan, apagan las luces, usan el transporte público, etc., es más probable que adopten esos comportamientos.
- Sé un modelo a seguir en casa y en la comunidad. Mostrar el compromiso con el medio ambiente ayuda a los niños a internalizar la importancia de cuidarlo.
- No está demás que mientras se da el ejemplo, se den datos reales a modo de historias o ejemplos. Puedes decirle a tu hijo que si se rodea de vegetación con árboles, éstos le ayudarán a sentirse más fresco durante los veranos porque las zonas arboladas se mantienen entre 2 y 4 veces más frescas que los espacios verdes urbanos sin árboles. Para dar esos ejemplos, no te inventes, usa datos reales fruto de estudios.
2. Actividades prácticas y juegos
Y la experiencia directa es esencial. Proyectos como los huertos escolares, las campañas de reciclaje o las cooperativas energéticas juveniles, permiten que los jóvenes comprendan el impacto de sus acciones y desarrollen un vínculo emocional con el entorno. Por ejemplo, según el Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), los huertos escolares «permiten expandir la educación ambiental, convirtiéndose en una herramienta potencialmente transformadora que consigue diluir las fronteras entre lo teórico y lo práctico». Un informe del Centro Nacional de Educación Ambiental explica que estos huertos urbanos se han extendido en los centros educativos como una realidad transformadora con cientos de huertos registrados en los últimos años. Aprender sobre ciclos biológicos, cambio climático o nutrición se convierte en una tarea tangible (plantar semillas, compostar residuos, medir la lluvia, preparar hortalizas).
En lugar de imponer posturas rígidas, la educación ambiental debe abrir preguntas y fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de actuar. La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. subraya que la EDS «no defiende opiniones ni procedimientos particulares», sino que enseña a sopesar los distintos lados de una problemática con una mirada crítica y fundamentada. De hecho, su deber es aumentar la conciencia y el conocimiento, así como ofrecer herramientas para tomar decisiones informadas y medidas responsables.
- Reciclaje: Enséñales a separar los residuos y a ver el reciclaje como un juego. Puedes hacer un juego de clasificación de materiales.
- Jardinería: Plantar un árbol o tener un pequeño jardín en casa puede enseñarles sobre el ciclo de vida de las plantas y la importancia de la naturaleza.
- Cuidado de animales: Si tienes una mascota, enseña a los niños cómo cuidarla, alimentarla, llevarla al veterinario, etc.
- Juegos ecológicos: Utiliza juegos y materiales didácticos que enseñen sobre el cuidado del medio ambiente.
3. Enseñar la importancia de la naturaleza
La educación ambiental debe integrarse de forma transversal en el currículo escolar. La Unesco promueve que la sostenibilidad se aborde desde todas las asignaturas y niveles, no solo como un tema de ciencias naturales. Esto implica relacionar los contenidos ambientales con la geografía, la estadística, la literatura o el arte, y hacerlo mediante metodologías activas, como el trabajo por proyectos.
- Habla con ellos: Explícales la importancia de cuidar el medio ambiente, la Tierra es nuestro hogar, etc.
- Lleva a los niños a la naturaleza: Realiza salidas al aire libre, visitas a parques, granjas, etc.
- Cuéntales historias: Lee libros o cuentos sobre la naturaleza y el cuidado del medio ambiente.
- Muestra videos educativos: Existen muchos videos que explican conceptos ambientales de forma sencilla y divertida.
4. Otras ideas
- Reducir el uso de plásticos: Enseña a los niños a llevar sus propias bolsas al supermercado, usar botellas reutilizables, etc.
- Ahorrar agua: Enseña a cerrar la llave al lavarse las manos, mientras se cepillan los dientes, etc.
- Ahorrar energía: Apaga las luces cuando no se están usando, usa electrodomésticos de forma eficiente, etc.
- Participar en actividades de voluntariado: Puedes involucrar a los niños en actividades de limpieza de playas, parques, etc.
La educación ambiental para los niños debe ser una experiencia positiva, divertida y práctica. Al involucrar a los niños en actividades que les permitan aprender sobre la naturaleza y el cuidado del medio ambiente, estaremos creando una generación más consciente y responsable.




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