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Guardiana con datos de Unesco y Unicef (Bolivia)

En América Latina hay 522 pueblos indígenas que hablan 420 lenguas distintas. Una característica es que por lo menos unas 103 lenguas se hablan en dos o más países. Una de las más usadas es el quechua o kichwa. México, Bolivia, Guatemala, Perú y Colombia reúnen al 87 por ciento de indígenas de América Latina y el Caribe.

Datos de Unicef

  • Se calcula que el 10 por ciento de la población de América Latina es indígena
  • 108 pueblos indígenas son transfronterizos.
  • La mayoría de países latinoamericanos tienen una población indígena que va del 3 por ciento al 10 por ciento del total.
  • En Latinoamérica hay 103 lenguas transfronterizas, que se hablan en dos o más países.
  • América Latina tiene la mayor riqueza del mundo en familias lingüísticas con casi 100.
  • 44 pueblos indígenas usan hoy en día el castellano como único idioma y 55 emplean solamente el portugués.
  • El 26% de las lenguas indígenas de la región se encuentra en peligro de extinción.
  • Los censos de población recogen la información indígena con cuestiones como la autoidentificación, la lengua hablada, la lengua materna o el “color o raza”.
  • Se estima que en México hay 9,5 millones de indígenas, según el censo de población del año 2000.
  • Brasil es el país con más diversidad de pueblos indígenas con 241 pueblos que hablan 188 lenguas.
  • El porcentaje de población indígena en Bolivia es del 66,2%, según el censo del país elaborado en 2001.
  • El quechua se habla en siete países: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile,Ecuador y Perú.
  • Argentina tiene 29 pueblos indígenas diferentes.
  • En Lima y Buenos Aires se habla aymara y quechua.
  • Más del 70 por ciento de la población mapuche habita en ciudades y centros poblados de Chile y Argentina.
  • Los hablantes de nahuatl están impulsando la educación en su lengua en México D.F.
  • Los afroindígenas garífunas mantienen vivo el uso de su lengua en comunidades y ciudades de Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua.
Las lenguas en Ecuador, Perú y Bolivia

Existen lenguas minoritarias que, sin embargo, poseen una gran vitalidad, en tanto que otras han logrado preservarse debido al aislamiento de sus locutores. La lingüista ecuatoriana Marleen Haboud explica estos fenómenos que pueden parecer paradójicos en una entrevista realizada por Lucía Iglesias Kuntz para la Unesco.

Marleen Haboud se ha especializado en áreas como la lingüística, sociolingüística, lingüística de contacto, sistemas educativos, semántica, lengua y cultura. Es doctora en Lingüística/Sociolingüística. Su tesis doctoral lleva por título "Efectos del contacto quichua-castellano en los Andes ecuatorianos". En ese estudio ella investigó a profundidad las relaciones entre el kichwa y el castellano.

Haboud obtuvo en el año 2018 el premio Georg Forster Research Award Alexander Von Humboldt Stiftung/ Foundation, reconocimiento por investigación en ciencias humanas a nivel mundial. entre el año 2000 y el 2019, ha ofrecido cientos de conferencias. Así que sabe de qué habla cuando responde a las preguntas de Lucía Iglesias Kuntz.

Marleen Haboud, especialista en lenguas indígenas.

¿Cuál es la situación de las lenguas de los Andes centrales en términos de vitalidad?

En los Andes centrales (Ecuador, Perú, Bolivia) se considera que hay más de un centenar de lenguas indígenas todavía vivas. Es difícil determinar con precisión su grado de vitalidad. Éste varía no solo de una lengua a otra, sino también dentro de una misma lengua, según la localidad, la edad de los hablantes, su ocupación, su género, su grado de escolaridad, etc.

Así, por ejemplo, el quichua ecuatoriano es muy hablado en algunas regiones del país, mientras se pierde aceleradamente en otras. Dentro de esta situación de heterogeneidad, y si bien hay lenguas que todavía serán habladas por las nuevas generaciones, la tendencia general de todas las lenguas de la región es hacia un continuo desplazamiento.

¿A qué se debe esta situación?

Son varios los factores que generan tal situación, como las condiciones de vida que rodean a sus hablantes, el apoyo institucional y social que estos puedan recibir; la funcionalidad de las lenguas en todos los contextos comunicativos actuales, el interés y orgullo de los propios locutores, etc. En términos de vitalidad, el número de hablantes puede ser relativo, es decir, hay lenguas con pocos hablantes, pero alta vitalidad, como el a‘i cofán en la Amazonía ecuatoriana; y, por el contrario, lenguas transnacionales, como el quechua, que pierden hablantes diariamente.

Algunas lenguas mantienen su vitalidad gracias al aislamiento de sus hablantes, que logran acceder a recursos que les permiten vivir adecuadamente en sus territorios. Sin embargo, el aislamiento no debe ser una condición para su sobrevivencia; lo óptimo sería que conviviesen con lenguas y sociedades poderosas, y que se fortalecieran a pesar de las tendencias homogeneizantes propias de la globalización.

¿Por qué desaparecen las lenguas?

En los últimos decenios, el desplazamiento lingüístico, en particular de las lenguas indígenas, se ha visto acelerado por una compleja red de situaciones: el contacto con otros pueblos, la muerte de los hablantes, los cambios drásticos en su forma de vida, el deterioro de su territorio, los procesos migratorios masivos...  Solo acciones conjuntas e integradas con la sociedad global podrán contrarrestar esta especie de epidemia que debilita a las lenguas indígenas y a sus hablantes. Una primera condición es que la sociedad en general tenga conocimientos sobre las lenguas y sus actores, aprenda a respetarlas y se comprometa con su mantenimiento, es decir, llegar al ideal de una verdadera sociedad intercultural. 

Hay otro factor muy importante en el mantenimiento de las lenguas, y es la valoración que hablantes y no hablantes tengan de ella. Quien está orgulloso de su lengua y de su cultura, tendrá más posibilidades de mantenerlas.

¿Podría mencionar iniciativas nacionales o regionales que hayan contribuido a revitalizar algunas lenguas de la región? 

Son varias las iniciativas que se han dado en nuestros países en la búsqueda de mantenimiento y refuerzo de las lenguas minoritarias. Por un lado, están los esfuerzos desplegados desde el Estado. En los países andinos, las reformas constitucionales recientes han dado a las lenguas indígenas el estatus de oficialidad. Las políticas lingüísticas y educativas de estos países están bastante bien delineadas y, aunque todavía débiles en su implementación, buscan el mantenimiento de las lenguas, la cultura, y la identidad de sus hablantes, así como el respeto y la igualdad entre los pueblos. 

Están además los esfuerzos que los mismos hablantes han desplegado, tanto grupal como individualmente. Es el caso, por ejemplo, de familias que buscan retomar o reforzar sus lenguas gracias a la creación de programas educativos familiares y comunitarios específicos. Los movimientos indígenas en América Latina han marcado un hito en la lucha por los derechos indígenas, promoviendo la creación de nuevos programas educativos bilingües interculturales para todos los niveles de la educación formal, programas de salud propios, y espacios oficiales para hablantes de algunas lenguas. 

En unos países más que en otros, los medios de comunicación masiva han dado pasos para el uso público de algunas lenguas, sobre todo de aquéllas con un mayor número de hablantes. Bolivia es, en este sentido, un ejemplo.

A lo largo de la historia, ha habido siempre lenguas que nacen y mueren, ¿por qué debe preocuparnos la desaparición de las lenguas? 

Así como los seres humanos, las lenguas nacen y mueren, sin embargo, nunca como en las últimas décadas las hemos visto morir. Una epidemia amenaza a las lenguas indígenas aceleradamente. Esto implica no solamente la pérdida de términos o expresiones, sino de un cúmulo de conocimientos y de formas de concebir el mundo y de relacionarse con él, de recrear la historia, de mantener relaciones con otros seres humanos, con sus mayores y con las nuevas generaciones, de conceptualizar el tiempo, el espacio, a cada ser viviente, a la vida y la muerte. Cada lengua es un mundo, de modo que con cada voz que se pierde, desaparecen historias únicas e irremplazables.

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