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El 6to. Encuentro Pedagógico del Sistema Educativo Plurinacional “Por la recuperación del derecho a la educación para todas y todos” fue un blef. Sí, un engaño, una trampa. No se cambió nada. Solamente se hizo énfasis en que la educación virtual debe denominarse “a distancia” porque en sectores rurales, alejados de los centros urbanos, no se tiene acceso a internet.

Es una pena puesto que la virtualidad es justamente el concepto sobre el que se debería repensar el actual currículo educativo. Esta modalidad de educación (la virtual) no solo tiene implicancias sobre la lógica de la enseñanza y el aprendizaje, también influye sobre la metodología, los contenidos y la evaluación.

La virtualidad supone una lógica distinta a la presencialidad, puesto que la mediación tecnológica está ligada al internet y, por tanto, al acceso inagotable de información. Por este motivo, la virtualidad impulsa un aprendizaje más autónomo, donde el estudiante tiene un mayor grado de responsabilidad sobre sus procesos de aprendizaje; donde el docente debe ayudar a gestionar de mejor manera la información; donde el tiempo debe manejarse de manera distinta a la modalidad presencial y donde la evaluación y retroalimentación oportunas son fundamentales para el proceso de aprendizaje.

No es suficiente, entonces, saber manejar algunas herramientas tecnológicas, como he escuchado decir a algún representante del magisterio en los medios de comunicación social. El buen uso de esas herramientas deberá estar acompañado del manejo de metodologías como el flipped learning o clase invertida, el aprendizaje basado en problemas o el aprendizaje basado en proyectos, los estudios de caso, etc. Por tanto, la virtualidad está relacionada también con un cambio en la metodología que debe superar la insuficiente propuesta de la Ley 070 que, invariablemente, plantea la misma secuencia: práctica, teoría, valoración y producción.

Otro aspecto que el 6to. Encuentro Pedagógico pudo haber reflexionado se relaciona con los contenidos. La pandemia nos ha hecho ver que las metodologías que se usaban hasta principios del 2020 eran, si no obsoletas, por lo menos anacrónicas. Con los contenidos pasa algo similar.

Nos hemos dado cuenta de que el mundo de la tecnología está avanzando tan rápidamente que pronto la automatización y la inteligencia artificial ocuparán gran parte de la producción y del trabajo humano. Por lo tanto, es importante que nuestros niños aprendan a usar las NTIC desde los primeros años, que se les enseñe el “abc” del uso de las redes sociales; que puedan aprender a desarrollar aplicaciones relacionadas a la salud, a la seguridad y al ocio, desde la escuela.

Pero al mismo tiempo, el nuevo currículo debería hacer énfasis en temáticas éticas y bioéticas para que los estudiantes desarrollen criterios de defensa de la dignidad y de la humanidad ante las arremetidas de la tecnología y la ciencia.

Por medio de la tecnología hemos podido pasar clases, asistir a conferencias, compartir con personas que están en distintos lugares del mundo, por lo que nos hemos enterado de que las maneras de mirar la vida, la economía, la religión, etc. son diversas. Debemos estar preparados para escuchar y dialogar, aquí sí tiene sentido la formación en interculturalidad que nos abre al diálogo con quienes tienen distintas miradas del mundo, del presente y del futuro.

Y la formación en el diálogo también nos debe llevar a una verdadera formación en ciudadanía, en la que la escuela deberá aportar a nuestros niños y jóvenes un modelo de vida democrática, la búsqueda del bien común, el sentido de la participación y la lucha por la justicia. Todo esto, más allá de los colores políticos o de los rostros de caudillos de nuestra historia.

Finalmente, un nuevo currículo debería pensar la formación de la inteligencia emocional de nuestros estudiantes: la capacidad de reconocer las emociones que se experimentan, las habilidades para manejar esas emociones, la capacidad de comprender las emociones de los otros; las habilidades comunicativas (que por cierto, van más allá de saber hablar en público durante una exposición o durante la hora cívica); el arte y el deporte deberían merecer un lugar importante a partir de la reflexión sobre los nuevos contenidos dentro de una modalidad semipresencial.

Hay mucho por repensar de nuestra educación y no queda más tiempo para perder como se hizo en el 6to. Encuentro Pedagógico.

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