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Por Viviana Ariñez, Guardiana (Bolivia)

Lunes 7 de septiembre de 2020. “La principal deficiencia de los bachilleres que ingresan a las universidades es la falta de lectura comprensiva”, la frase se convierte en una especie de eco en la voz de los decanos de facultad, directores de carrera y de los cursos prefacultativos de universidades bolivianas.  

Se suman problemas de expresión oral y de escritura, de acuerdo con los diagnósticos de las casas superiores de estudio que realizan cada determinado tiempo, no obstante aún no logran solucionar las deficiencias de los estudiantes.

Los expertos Patricia Alandia y Antonio Vera sugieren el diseño de una política pedagógica en las universidades para alfabetizar académicamente a los estudiantes, a través de incentivos y metodologías, con docentes especializados que planifiquen y adapten los métodos a las necesidades de las carreras, para trabajar con textos específicos de cada campo de conocimiento.

Alandia es docente de la Carrera de Lingüística Aplicada a la Enseñanza, de la Universidad de la Universidad Mayor de San Simón; y Vera es profesor de colegio y director del Curso Prefacultativo de la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA)

El diagnóstico

En general, los estudiantes que ingresan a la educación superior “tienen deficiencias enormes en lectura y escritura, su ortografía es un desastre”, sostiene Jorge Sainz, decano de la facultad de Arquitectura de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).

Los estudiantes “tienen deficiencias enormes en lectura y escritura, su ortografía es un desastre”.

Jorge Sainz, decano Facultad de Arquitectura de la UMSA

El problema es el mismo en los estudiantes de colegios fiscales y particulares. “Por falta de lectura, quieren leer rápido y no leer nada, después interpretan mal”, añade.

Winder Canezo, director del curso prefacultativo de la Facultad de Ciencias Puras de la UMSA, relata: “Se trabaja con laboratorio, hay protocolos y guías de laboratorio que se deben seguir y a pesar de que son incluso una especie de recetas de lo que debe hacer el estudiante, se le dificulta la lectura y la comprensión”.

En el caso de Ciencias Puras, agrega, muchos de los contenidos del ámbito científico deben estar actualizados —sea en Física, Química y otros— a través de la lectura de papers en carrera y hay deficiencias del estudiante en la lectura comprensiva.

El director del curso prefacultativo de la carrera de Literatura de la UMSA considera que la educación escolar produce bachilleres con una formación irregular y heterogénea, “se trata de bachilleres con excesivas deficiencias en la comprensión de lectura y en la redacción, organización de ideas en un texto y discurso oral”.

Alandia ratifica la situación: “En general, los estudiantes llegan con bajos niveles de comprensión lectora y de producción de textos”.

El origen

Para mirar el problema, hay que tomar en cuenta dos variables: la casa y la escuela, afirma Alandia.  “En el hogar no se desarrolla el hábito de la lectura. Vemos que cada vez menos chicos tienen un gusto por leer solos fuera de la escuela, es algo que se logra en la familia, por la motivación”.

Quizás en ciertos sectores, por problemas socieconómicos, no hay libros en la casa; sin embargo, incluso en las clases medias donde no hay esa limitación, no se favorece la lectura.

Luego, en la escuela en general, sea por los profesores o los métodos, no favorecen el hábito de la lectura. Utilizan la lectura como una obligación, de manera que los estudiantes desde el inicio tienen resistencia a las tareas de lectura y escritura en general.

“Con todo lo que he podido investigar y conocer, más bien los estudiantes desarrollan representaciones negativas sobre estas tareas —lectura y escritura— y sus procesos de aprendizaje no son motivadores ni ricos (…) los textos que leen en la escuela no les gusta y las actividades de escritura tampoco les gusta”.

Patricia Alandia, docente de la Carrera de Lingüística Aplicada a la Enseñanza, de la Universidad de la Universidad Mayor de San Simón.

No obstante, Alandia aclara que también existen unidades educativas que trabajan muy bien en el campo de lectura y escritura, y hay profesores que han logrado metodologías extraordinarias para ayudar a sus estudiantes.

El problema tiene relación, asimismo, con el currículo educativo porque no da los lineamientos adecuados y los profesores están a su suerte para ver el contenido que van a desarrollar.

Para Vera, quien es profesor en colegio, es importante también la enseñanza en la secundaria porque hay un periodo que tiene que ver con el tramo final de la educación secundaria, donde es importante incorporar a los estudiantes a una práctica constante, rigurosa, a la vez que muy motivadora de lectura y escritura.

“Sospecho que por ahí vienen las fallas, cosas que tienen que ver con la formación docente, con el enfoque de las materias, con el ritmo de trabajo que se impone a veces en la enseñanza secundaria también”, afirma el director del prefacultativo de Literatura.

La lectura es una tarea compleja, tiene varias partes, varios momentos, se necesita una estrategia —añade Vera— “un texto requiere una estrategia; otro, otra; la cantidad de textos que te dan hay que saber cómo manejar, cómo procesar, cómo referirte, cómo resumirla, cómo incorporarla a tu conjunto de ideas que vas procesando y lo mismo y hasta más complejo se requiere con la escritura”.

"No se termina de aprender a leer, porque hay lecturas que te desafían más y más; terminas tu carrera y te toca hacer la tesis y es un nuevo aprendizaje de leer y escribir, es como un aprendizaje en espiral que se va ampliando, pero que no se detiene y no es una línea recta de decir aquí comienza y aquí termina”.

Antonio Vera
La lectura está relacionada con la escritura (foto Guardiana).

"Para aprender a escribir adecuadamente se debe pasar por un proceso que va desde redactar textos muy breves, con complejidad no muy alta, hasta redactar un ensayo y una tesis, textos de investigación. Eso no se logra en poco tiempo y supone un proceso en el que se tienen que trabajar poco a poco".

Patricia Alandia
La deficiencia se mantiene

La deficiencia se origina en el nivel básico y se mantiene hasta la fecha. De los cuatro niveles de comprensión lectora (ver gráfico), por ejemplo, los estudiantes de sexto básico solo alcanzan el segundo, es decir localizan la información, pero no son capaces de realizar inferencias, reconstruir información implícita o identificar voces diferentes en el texto.

Este problema es uno de los resultados del Estudio del Laboratorio Latino de la Evaluación de la Educación, dependiente de la oficina regional de la Unesco,  sobre el currículo educativo de Bolivia, que se realizó en 2019 y se presentó este 3 de septiembre de 2020.

La búsqueda de soluciones

Para superar la falencia de la lectura comprensiva, las universidades públicas y privadas de Bolivia realizaron diversos diagnósticos y sugerencias, además de implementar cursos de lenguaje o lectura comprensiva en los preuniversitarios y en los primeros semestres de carrera.

En 2017, la Facultad de Ciencias Puras de la UMSA realizó un diagnóstico a todas sus carreras y decidió implementar la materia de Lectura Comprensiva en el prefacultativo, para generar la capacidad de comprender una lectura, informa Canezo.

En 2019, la Carrera de Literatura inició un estudio interno sobre el tema, aunque se encuentra en una primera fase pues, debido a la cuarentena por la Covid-19, no pudo concluirlo.

Sin embargo, en el curso preuniversitario de Literatura buscan que los estudiantes tengan una experiencia micro de lo que va a ser la formación en literatura, una experiencia centrada en la lectura y escritura.

“De lo que se trata es que lean textos literarios, no muy complejos, no muy extensos, que relacionen con textos críticos y que produzcan, a partir de esa lectura, textos propios en los que puedan decir primero qué es lo que han leído, lo cual es una meta ambiciosa, y segundo producir una opinión crítica a partir de eso”, informa Vera.

Alandia informa que en la universidad NUR de Santa Cruz se implementó un semestre para trabajar el lenguaje; lo mismo en la Carrera de Lenguas de la Universidad Gabriel René Moreno, también de Santa Cruz, que desarrolló cursos especiales para desarrollar competencias de lectura comprensiva.

En tanto que en Univalle, de Cochabamba, se aplicó una materia para resolver el problema identificado por los profesores de esa casa de estudios.

En 2009, la Universidad Católica Boliviana (UCB) también realizó un diagnóstico que se plasmó en el libro “Cómo leen y escriben los bachilleres al ingresar a la universidad. Diagnóstico de competencias comunicativas de lectura y escritura”, coordinado por Alba Paz Soldán, el cual se publicó en 2011.

A raíz de ese diagnóstico es que la UCB implementó la materia con el nombre de Pensamiento Crítico, que era obligatoria en todas las carreras. Sin embargo, ahora se convirtió en optativa con el nombre de Escritura Académica.

Alandia señala que evidentemente existe una preocupación en las universidades, por lo que implementan cursos de lenguaje.

Sin embargo, “el asunto es si realmente utilizan las metodologías más adecuadas y esos cursos ayudan, porque muchas veces se piensa que cualquier persona puede dar el curso, pero se convierte en una pérdida de tiempo”.

Los cursos remediales

En los últimos años se desarrolló una tendencia para aplicar los cursos remediales, con denominativos como Lectura Veloz, Neuroaprendizaje, Aprende mientras duermes que, sin embargo, tienen un enfoque superficial porque no trabajan con las necesidades concretas de lectura y escritura para cada campo de conocimiento, advierte Vera.

En otras palabras, es pura charlatanería, dice el director del prefacultativo de Literatura.

“No es lo mismo lo que tiene que leer y escribir un ingeniero, que lo que tiene que leer y escribir un abogado o un sicólogo. Si bien hay habilidades generales, hay un campo específico de trabajo que incide además en cómo cada uno aprende los contenidos de su formación profesional”.

Alandia agrega que en los cursos remediales de lenguaje solo revisan las reglas gramaticales y un poco de ortografía. En el mejor de los casos, los estudiantes leen un texto, pero no desarrollan estrategias de comprensión lectora y de producción de textos.

Una política pedagógica

Vera propone que las diversas facultades incluyan en su propuesta curricular una constante reflexión y el aprendizaje de la lectura y escritura que, además, debe tener relación con las áreas de cada carrera, en otras palabras, que exista una política pedagógica de cada facultad.

Se debería incorporar en el currículo programas, cursos complementarios, una serie de  herramientas, cursos talleres, y especialistas que trabajen con los estudiantes, porque incluso quien tenga mejor formación de colegio, necesitará aprender, porque escribir en la universidad no es lo mismo que escribir en el colegio, requiere una serie de protocolos, de presentar las cosas, el aprendizaje no termina.

“Ni el escritor más profesional, ni el periodista más experto, podría afirmar que sabe leer y escribir, más bien de lo que se trata es de asumir que lectura y la escritura requieren de un aprendizaje constante”.

Antonio Vera

Para Alandia, la universidad no cumple con la función de alfabetizar académicamente a sus estudiantes, además de que ya llegan con problemas, se suma la nueva realidad de lectura de textos académicos científicos los que no pueden enfrentar solos, la universidad debiera darles herramientas para hacerlo.

Propone desarrollar cursos “que trabajen en serio” el desarrollo de las competencias de lectura. Debieran durar al menos un semestre, si es posible intensivos, aplicando una metodología adecuada 

En esa línea, reitera que todas las carreras deben tener cursos de lectura comprensiva o lenguaje, no importa si tiene más relación los números, aunque lo interesante es ver que los estudiantes de ingeniería, que sí trabajan con números, tienen más facilidad en producción comprensión porque están muy vinculadas la lingüística y las matemáticas, pero igual necesitan este acompañamiento.

Tienen que habilitar estos cursos que deben ser impartidos por especialistas –tendrían que ser del área de lingüística porque son procesos sicolingüísticos— que planifiquen e incluso los adapten a las necesidades de las carreras, que se trabajen con textos específicos de cada campo de conocimiento, de manera que se vayan familiarizando poco a poco y vayan incorporando léxico y formas discursivas.

¿Cómo motivar a quienes son niños para que lean más?

Siempre hay que buscar el disfrute de una lectura y las historias son un buen comienzo (foto Guardiana).

Los papás también tienen que leer y leer cuentos a sus niños, así se convierte en una actividad de vínculo muy emocional entre padres e hijos y después, poco a poco, el niño que está habituado a leer.

“A todos los niños les encantan las historias, no hay que rogarles para contarles un cuento, es parte de la naturaleza humana, es simplemente activar ese gusto dándoles tiempo a los hijos y no dándoles celulares, de manera que ellos mismos se vuelven lectores autónomos y buscan libros para satisfacer esas necesidades emocionales que también les da la lectura y los libros”.

Patricia Alandia
¿Y los profesores cómo pueden incentivar la lectura?

Leyéndoles a los estudiantes, leyendo juntos, buscando el disfrute de las historias, dice Alandia. No convertir la lectura en una tarea tortuosa, la lectura no está para dar lecciones de vida, la literatura, los cuentos, están para dejar llevar la imaginación, para recrear, eso es lo que el profesor tiene que entender para el disfrute natural de los niños.

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