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Por Guardiana (Bolivia)

Lunes 29 de marzo de 2021.- Uno de los problemas de los esfuerzos de organizaciones no gubernamentales, instituciones públicas y organismos internacionales en Bolivia es que no están logrando disminuir los niveles de violencia de forma más rápida. En los casos de violencia hacia la mujer, más bien hay quienes creen que esta podría estar en ascenso porque desde marzo de 2013 en que se aprobó la Ley 348 con la que se pretendía proteger a las mujeres, los feminicidios subieron en más del 450 por ciento hasta hoy en Bolivia. Sin embargo, no todas y todos están de acuerdo porque podría, más bien, tratarse de la visibilidad mayor de estos casos, además de una especie de guerra de baja intensidad en la que las mujeres han comenzado a reclamar por sus derechos y, por ello, los hombres que buscan aleccionarlas porque las creen suyas, las están matando.

Esta lentitud en los resultados y efectos también se la ve reflejada hoy en la forma machista de mirar y actuar en el mundo por parte de la juventud y cuán poco esto ha cambiado desde 2016, año en que Oxfam Bolivia realizó una investigación al respecto para luego compararla con una de 2020.

La situación no ha variado mucho. La mitad de las y los jóvenes tiene valores patriarcales según el estudio "Valores que guían a los jóvenes en sus relaciones de pareja y respecto a la violencia machista". Uno de los resultados de la última investigación de Oxfam indica que la mitad de las y los jóvenes de zonas urbanas de siete municipios que pertenecen a departamentos del eje central del país tienen una forma de mirar, valorar y ser en el mundo patriarcal y machista.

Se trata de jóvenes de 15 a 28 años en las zonas urbanas de los municipios de La Paz, El Alto, Viacha, Cochabamba, Colcapirhua, Pailón y Santa Cruz de la Sierra que en julio de 2020 respondieron tanto a una encuesta como a grupos focales por parte de Diagnosis, empresa encargada de medir los “valores patriarcales” de las y los jóvenes.

"La conclusión más importante es que se ha producido una leve mejoría cultural, con más jóvenes algo más distantes de las creencias y actitudes que justifican la violencia machista. Sin embargo, la mentalidad de la mayoría de los bolivianos, incluyendo a los jóvenes, es profundamente conservadora y, por tanto, favorable a la violencia en las relaciones de pareja y familiares".

Hay preocupación por los lentos cambios. Tanto en el estudio como en la presentación del mismo el último jueves, se atribuye en gran parte este avance escaso al hecho de que "el entorno cultural y ético en el que viven los bolivianos y las bolivianas que es altamente favorable al machismo y, por consiguiente, a la violencia contra las mujeres”.

Y la leve mejoría se puede percibir por ejemplo en la violencia física que es hoy menos tolerada entre las y los jóvenes en relación a cuatro años antes. "El desplazamiento se ha dado sobre todo en la justificación de la violencia física contra las mujeres, que ha disminuido significativamente. Nuestra hipótesis es que ahora la violencia física en las relaciones románticas resulta menos tolerable para los jóvenes". Es una buena noticia.

De todos modos, cinco de cada 10 jóvenes mantienen ideas conservadoras y promueven actitudes machistas, y cuatro de cada diez expresan valores machistas que legitiman la violencia emocional y sexual contra las mujeres, además del control de la pareja en relaciones románticas.

El estudio indica que “el porcentaje de los encuestados que mantiene un nivel alto y muy alto de valores patriarcales sigue siendo en 2020 cercano al 50%, esto es, igual que en 2016. Esto significa que cinco de cada diez jóvenes ha adoptado una identidad patriarcal. Hablando en términos generales, que la juventud boliviana es muy conservadora (o, si se quiere, muy patriarcal). Por otros estudios sabemos que los jóvenes no llegan a ser tan conservadores o patriarcales como los adultos, pero que la diferencia con estos no es muy importante. Por tanto, es posible afirmar que el entorno cultural y ético en el que viven los bolivianos y las bolivianas es altamente favorable al machismo y, por consiguiente, a la violencia contra las mujeres”.

Este conjunto de ideas y creencias asigna a los varones el rol de protección y control de las mujeres y prescribe que estas se subordinen a ellos. Estimula a los hombres a ser celosos, de ideas inmutables y homofóbicos. Asumir este orden social legitima la violencia ‘disciplinadora’ contra las mujeres que buscan romper el molde de las expectativas sociales conservadoras sobre su género”.

Lourdes Montero, coordinadora del Programa Justicia de Género de Oxfam
Violencia de ida y vuelta

En el estudio se confirma hallazgos de otras investigaciones recientes como la titulada "Violencia en el noviazgo en estudiantes universitarios: un problema de todos" de la Universidad Católica Boliviana San Pablo como, por ejemplo, que la violencia en las parejas es de ida y vuelta como se puede ver en el siguiente cuadro en el que, además, llama la atención resultados como, por ejemplo, que cinco de cada diez hombres presionan para que durante las relaciones sexuales no sean utilizados preservativos.

En el estudio mencionado de la Católica que fue difundido en 2019, se puede leer: "Entre los resultados más relevantes, se encontró que hay cifras elevadas de violencia en el noviazgo y que también hay varones como víctimas. Asimismo, se vio que la violencia se presenta de manera bidireccional y con presencia de heteroagresión".

Y tanto en el estudio de Oxfam Bolivia como en el de la Católica, el factor de la familia resulta ser clave. En el caso del primero, la relación con la madre es importante, sobre todo para aquellas y aquellos jóvenes que suelen buscar consejo en sus progenitoras, porque existen otros que dicho apoyo lo buscan en amigos u otros familiares. Y es gracias a esta orientación que también les es más fácil cortar con relaciones tóxicas. Sin embargo, en este punto es importante tomar en cuenta que existen los denominados pactos patriarcales que consisten en tener cierta permisividad con un joven violento solo porque se trata de un hijo, sobrino o compañero de trabajo.

Valores no inclusivos y homofóbicos

En el estudio de 2020 de Oxfam Bolivia resulta preocupante la adhesión de las y los jóvenes a frases homofóbicas como: “Enseñar en la escuela que la homosexualidad es normal puede inducir a los niños a ser homosexuales”. Y como se puede advertir en la siguiente infografía, 45 de cada 100 jóvenes consultados rechaza las diversidades sexuales y expresa una postura homofóbica. A fin de que las y los lectores puedan visualizar la dimensión de estas cifras, copia algunas de las frases con las que las y los jóvenes dijeron sentirse identificados.

  • “Creo que los homosexuales tienen los mismos derechos que los demás, pero me incomoda mucho ver a dos hombres besarse”.
  • “Si dos homosexuales quieren vivir juntos que lo hagan, es su decisión. Pero no estoy de acuerdo con legalizar el matrimonio homosexual porque va contra la familia”.
  • “En varios casos, los homosexuales son así porque fueron abusados sexualmente de niños y tienen traumas psicológicos”.
  • “Enseñar en la escuela que la homosexualidad es normal puede inducir a los niños a ser homosexuales”.
  • “Un niño adoptado por una pareja de homosexuales tiene más probabilidades de convertirse en homosexual”.
  • “Si se permite a un profesor homosexual dar clases a los niños, los puede influenciar negativamente”.
  • “A varios homosexuales y lesbianas les cuesta tener una sola pareja, tienden a ser promiscuos”.
  • “De manera inconsciente a veces evito tener amigos y amigas homosexuales”.

Influencia de la religión

Y el 56% de las y los jóvenes manifiesta un índice alto de ideas fundamentalistas. Veamos algunas ideas con las que ellas y ellos se identificaron en el estudio realizado:

  • “Los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos, pero han sido creados por Dios para cumplir roles diferentes”.
  • “La mujer debe llegar virgen al matrimonio, porque esto muestra su virtud y su pureza”.
  • “La homosexualidad es pecado”.
  • “La moral cristiana es la única que garantiza la unidad de la familia y evita el libertinaje sexual”.
  • “Es deber de la esposa someterse a su marido, porque este es cabeza de hogar”.
Ciclo de violencia y 5 alertas para salir de él

Quienes mejor podrían entender este estudio son los mismos jóvenes, sobre todo quienes están inmersos/as en relaciones tóxicas que empiezan en una primera fase con actitudes de “protección” de la pareja, las que luego se convierten en control de celulares, formas de vestir y comportamientos hacia amigas y amigos para luego terminar en actos de violencia que se repiten hasta que una de las dos personas logra terminar y salir del círculo tóxico de manera definitiva.

El estudio identifica cinco alertas y/o etapas para detener la violencia machista en las relaciones de noviazgo entre jóvenes de 15 a 28 años, que no son más que etapas y características del conocido ciclo de violencia.

El estudio "Valores que guían a los jóvenes en sus relaciones de pareja y respecto a la violencia machista" ha concluido que la primera etapa sucede con la identificación del “novio protector”, que devela el inicio asimétrico de la relación de pareja. En la segunda etapa se vive la violencia inicial cuando el novio se convierte en controlador. En la tercera etapa sucede un hecho de violencia (psicológica, emocional, física, etc.) en la que él pide perdón, ella lo perdona, pero se revive el círculo de violencia (violencia explícita-perdón-luna de miel- violencia explícita).

Cuando este ciclo de violencia llega a un punto insostenible para la víctima, independientemente del tiempo que le lleve asumir una decisión, se llega a la cuarta etapa. En esta fase la víctima busca ayuda en el entorno inmediato; la quinta etapa sucede cuando se genera el apoyo a la víctima de violencia machista y la ruptura de la relación tóxica.

El estudio tuvo como uno de los enfoques más importantes el amor romántico y sus consecuencias, y concluyó que en todas las experiencias de ruptura de relaciones tóxicas en el noviazgo, el capital social de la mujer es esencial porque además del apoyo y contención le ayuda a identificar y rechazar la violencia, a decidir terminar la relación con su agresor, y a reconstruir su vida social y afectiva.

Evidencias en historias de vida

Las cifras del estudio también pueden verse respaldadas y reflejadas por otros estudios e incluso historias de relaciones de parejas que a través de materiales periodísticos se conocen. En diciembre de 2020, Guardiana publicó historias de relaciones tóxicas entre jóvenes universitarios de Cochabamba. Conversó con seis universitarios, hombres y mujeres, para conocer cómo fueron sus relaciones de pareja. Contaron que normalmente empezaron con muchos sueños en la cabeza al estilo del amor romántico de las películas y otro tipo de relatos. Sin embargo, pronto empezaron los problemas. El control, los celos, las revanchas y la violencia incluso sexual se fueron apoderando de sus relaciones. Eso sucedió hasta que empezaron a buscar ayuda, primero entre amigas y amigos y luego de que siguió la violencia continuaron buscando ayuda hasta que finalmente un día después de idas y venidas en la relación, terminaron con la relación tóxica. Lamentablemente, algunas mujeres volvieron luego a verse involucradas en este tipo de vinculaciones tóxicas con una nueva pareja.

Al respecto, el psicólogo José Heresi Soto hizo notar que para hablar de relaciones saludables, se debe pensar en aquellas en las que las dos personas se complementan. Y alertó: "La extrema dependencia o apego no es bueno y no es amor. Solo pueden sostener una relación sana quienes pueden decir: 'Sin ti, soy capaz de vivir'".

La idealización del amor es un “síntoma de carencia profundo”, porque la verdad es que no existe “el ideal”. “Hay seres humanos con luces y sombras”, dice Heresi. Aunque a veces en nuestras relaciones buscamos complementarnos.

"La extrema dependencia o apego no es bueno y no es amor. Solo pueden sostener una relación sana quienes pueden decir: 'Sin ti, soy capaz de vivir'".

Psicólogo José Heresi Soto

Según la psicóloga y perito forense Guiomar Hylea Bejarano Gerke, "la expresión de violencia conyugal comienza desde el noviazgo y, como resulta lógico, aumenta más aún luego del matrimonio diversificándose en distintas y más elaboradas formas de violencia. Estas expresiones de violencia pueden tener una escalada a partir de situaciones disfrazadas de un amor mal canalizado, a través del ejercicio del control, celos, etc. En ellas se van incubando las distintas prácticas de violencia –psicológica, física, sexual y económica, dentro de las más comunes– a través de variados comportamientos dañinos tales como golpes, insultos, humillaciones, acosos sexuales, actitudes denigrantes, etc., que van dirigidos, por distintos motivos, a ejercer el control, tomar el poder o encaminar ciertos sentimientos poco adaptativos o inmaduros, provocando serios problemas en la víctima”.

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