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Por Carlos Tellería para Guardiana (Bolivia)

Miércoles 27 de enero de 2021.- Cerca de las 19:00 del viernes 22 de enero de 2021, una mujer estaba a punto de lanzarse del puente Viaducto de la ciudad de Cochabamba, ubicado en la intersección de las avenidas Blanco Galindo y Melchor Pérez. Dos policías que patrullaban la zona fueron alertados por transeúntes. La mujer tenía el cuerpo en la parte externa de la baranda. Se soltó, pero los uniformados la sujetaron antes de que cayera al viejo asfalto de la transitada vía.

Las conductas suicidas se producen generalmente por la depresión que no ha sido tratada y se caracterizan por sentimientos de tristeza sostenida y profunda, y falta de interés que no permiten a la persona desarrollar su vida con normalidad.

¿Cuál es la primera señal de alerta que ayudaría a sospechar si una persona tiene o no dicho trastorno mental?

El psiquiatra Boris Flores Viscarra aconseja fijarse si alguien presenta una conducta distinta a la acostumbrada. Esos cambios pueden ser observados en dos escenarios: el primero, alguien alegre y jovial se convierte en un ser triste y con ganas de llorar; el segundo, una persona seria y tímida que se vuelve más introvertida.

Flores recuerda que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) indica que si ese comportamiento negativo –tristeza que aumenta en intensidad, desesperanza, preocupaciones, descuido personal y falta de interés– es percibido durante dos semanas, se está frente a un estado de depresión. “Se va a llenar de todo lo negativo de su vida”.

Los intentos de suicidio y los que llegan a tal fin –dice el psiquiatra, en La Paz–  son una de las consecuencias de un cuadro de depresión que no recibe tratamiento. La persona llega a planear quitarse la vida. Otra consecuencia también es el consumo de alcohol o drogas. Esto se lo ve como una salida fácil”.

El médico recomienda preguntarle a esa persona qué es lo que le pasa y decirle que hemos notado los cambios en su conducta. Recomienda practicar la contención familiar que haga sentir a quien sufre depresión que no está sola y que tiene el apoyo de su entorno.

Un ser humano siente tristeza, a veces es descuidado con su persona o deja de mostrar interés por algo, pero esto generalmente es superado y la vida vuelve a su cauce normal, según el psiquiatra Flores. Pero cuando el cuadro depresivo no se va, la persona necesita ayuda.

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Afiche de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Otros síntomas

En las personas con depresión se observa que hay desesperanza, descuido personal, falta de interés en el trabajo, en los estudios o en actividades de esparcimiento, incluso se pueden desencadenar situaciones extremas como las del consumo de drogas y alcohol.

Un cuadro depresivo puede incluir también falta de apetito y disminución de peso o, al contrario, un aumento. Asimismo, puede haber insomnio o hipersomnia (sueño excesivo), fatiga o pérdida de energía y sentimientos de inutilidad, falta de concentración y pensamientos sobre la muerte e ideas suicidas.

Los síntomas descritos causan  problemas con el entorno y pueden ocasionar cierta discapacidad porque no permiten a la persona depresiva continuar con sus tareas cotidianas. Tiene problemas en su fuente de empleo y con su propia familia.

Flores aclara que durante la pandemia, las personas pueden sentir síntomas a raíz de las novedades sobre contagios, fallecimientos y la alta propagación del virus.

Las emociones negativas suelen presentarse por el deceso de un ser querido, el final de una relación amorosa, la pérdida de empleo u otras situaciones; pero ese bajón no debería prolongarse por más de dos semanas. El médico asegura que un diagnóstico precoz evitará que la enfermedad llegue a niveles de riesgo.

Ansiedad y depresión en Cochabamba

La depresión es el segundo trastorno mental detectado por profesionales del Colegio de Psicólogos de Cochabamba que, en días y horarios determinados, ofrecieron atención en 2020 a personas que necesitaban apoyo emocional por la pandemia de la Covid-19.

La información fue recuperada por una investigación para una tesis de licenciatura de Carolina Rodas La Fuente, estudiante de la Carrera de Psicología de la Universidad Católica Boliviana Regional Cochabamba.

Los datos señalan que el primer lugar de las alteraciones lo ocupa la ansiedad (47,22%) y le siguen los síntomas depresivos (13,89) y miedo (11,11%). También hubo casos de abuso sexual y violencia intrafamiliar.

En la investigación fueron recogidos los testimonios de 36 psicólogas y psicólogos que brindan apoyo gratuito en determinados horarios. Uno de los relatos menciona un “tema de suicidio por ansiedad” de una mujer que tenía problemas en casa y que se profundizaron debido a la pandemia.

Quien relata los hechos dice que pudo identificar el conflicto, consiguió bajar la tensión y logró reunir un grupo de apoyo que incluyó a la madre y al hermano de la mujer. Ambas lloraron y lucharon contra el estrés.

El problema es que no se decían las cosas por no molestar a nadie, cuando en realidad lo que se necesitaba era apoyo familiar, añade el testimonio.

¿Qué es la ansiedad?

La psicóloga Verónica Sánchez Patzi explica que la ansiedad es el miedo a lo que pueda suceder. Por ejemplo, un estudiante puede sentir angustia si se avecina un examen y no ha estudiado, y no sabe cómo le irá en la prueba. También puede haber miedo al contagio de la Covid-19.

Es una especie de suspenso que provoca malestar. Se crea expectativa o mucha inquietud sobre un evento que no parece agradable. A veces se sienten dolores en el pecho, en las articulaciones u otras partes del cuerpo.

Otros síntomas son fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión o problemas para conciliar el sueño.

Tratamientos posibles

De modo general, existen dos tipos de tratamiento: el psicofarmacológico con ansiolíticos y la terapia cognitiva que consiste en cambiar el esquema de pensamientos para valorar lo positivo.

¿Cuánto dura un tratamiento? Flores dice que no hay un tiempo estimado porque cada caso es único y un tratamiento puede ser exitoso en seis meses, en un año o en 10, pero también es posible que haya personas que necesiten atención de por vida.

Factores de riesgo de suicidio

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió a fines de 2020 que la pandemia puede exacerbar los factores de riesgo de suicidio, por lo instó a las personas que se sienten mal, ansiosas, tristes o desesperadas a hablar del tema en forma abierta y responsable, permanecer conectadas aun durante el distanciamiento físico, y aprender a identificar los signos de advertencia para prevenirlo.

La OPS dijo que datos de estudios recientes muestran un aumento de la angustia, la ansiedad y la depresión especialmente en trabajadores de la salud, que, sumadas a la violencia, los trastornos por consumo de alcohol, el abuso de sustancias y las sensaciones de pérdida, son importantes factores que pueden incrementar el riesgo de que una persona decida quitarse la vida.

"Todavía no sabemos cómo el aumento de la depresión, la violencia doméstica o el consumo de sustancias impactará en los índices de suicidio en la región, pero es importante tomarse un minuto para hablar del tema, apoyarnos mutuamente en estos tiempos de pandemia y conocer los signos de advertencia del suicidio para ayudar a prevenirlo”.

Renato Oliveira e Souza, jefe de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OPS
La familia debe ayudar

La psicóloga Verónica Sánchez dice que la mejor forma de evitar secuelas de una enfermedad mental es manejar bien la situación, aceptar los hechos y comenzar un tratamiento, ya sea con psicoterapia o farmacoterapia.

Agrega que, a veces, alguien deprimido no se levanta de cama, cierra sus cortinas; pero, la familia no le habla, se enoja y le exige que ponga de su parte para superar la crisis. “Lo que logramos –señala– es deprimirlo más. La persona se siente culpable y la situación va empeorando”.

Primeros auxilios

La psicóloga Liz Romaneth Zabalaga dice que el trabajo consiste en dar primeros auxilios psicológicos; es decir, aliviar la carga de depresión o ansiedad de las personas hasta que se calmen y tomen un respiro, y tal vez se animen a recibir terapia para generar un cambio real en su vida.

En terapia se trabaja con conflictos complejos anteriores, como por ejemplo violencia que se ha visualizado por efecto del encierro por la pandemia. Son procesos más largos con monitoreo y pueden realizarse en varias sesiones.

En su experiencia, la terapia en línea o a distancia tiene pros y contras. En los contras se pierde el contacto y la mirada personal, lo que impide hacer una lectura de los movimientos corporales. Del otro lado, las plataformas virtuales permiten utilizar el recurso de pantalla compartida, pizarras en las que se hacen dibujos, se ven videos y se escriben mensajes.

Zabalaga dice que en la primera ola de la pandemia hubo mayor cantidad de casos que en la actualidad. En los primeros meses atendía a tres o cuatro pacientes en las tres horas que ella había dispuesto para el apoyo. Incluso hubo gente que decía estar contagiada de Covid-19 y que se iba a morir; aunque los resultados de sus pruebas eran negativos.

Cree que la población se adaptó de alguna manera a la situación y, por ello, los factores de estrés parecen ser más controlables. Pero aclara que habrá que ver cómo evoluciona la segunda ola de la Covid-19 para tomar cartas en el asunto.

Plantas medicinales, un factor social

A esa adaptación se suma también la aplicación de la vacuna contra la enfermedad; aunque Zabalaga también hace notar que en Bolivia hay otro fenómeno que destacar: se ha recurrido al uso ancestral de plantas medicinales.

“Son las maneras –según la psicóloga– en las que la comunidad resuelve los problemas de salud. Eso genera seguridad, más allá de lo que un médico pueda decir. Ese factor social es importante para devolverle esa sensación de control al ser humano en nuestro medio”.

Cifras en el país

No se conocen estadísticas actuales acerca de la depresión en Bolivia; aunque se estima que por la pandemia las conocidas han subido. El Ministerio de Salud difundió registros de 2015 y 2016 en su página web.

  • 2015. El Sistema Nacional de Información en Salud (SNIS) registró 12.654 casos o episodios depresivos en Bolivia: 8.694 correspondían a mujeres y 3.960 a hombres.
  • 2016. Se reportó un total de 8.778 episodios en el país, de los cuales 6.105 fueron protagonizados por mujeres y 2.673 por varones.
  • En 2017 el Ministerio de Salud estimaba que el 20% de la población en las ciudades padece depresión-
  • Más de 300 millones de personas están afectadas en el mundo.

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