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Por Álvaro Montoya Ortega* (Bolivia)

En estos días de septiembre, cuando recordamos la batalla valiente e imposible que sostuvieron los hombres de Marzana en Boquerón, siempre pesa el recuerdo de la guerra que llevamos por tres años contra Paraguay. Sin embargo, aquellos tres años fueron el resultado de otra guerra que ya llevábamos adelante más tiempo y que ninguno de los contendientes ganó. Se trata de la confrontación entre los publicistas e historiadores de ambos países a través de la compulsa de documentos para comprobar la pertenencia del Chaco a sus países.

El Chaco Boreal es un territorio que está al sureste del país, delimitado por el río Parapetí en el norte y el abrazo de los ríos Pilcomayo y Paraguay hasta su punto de encuentro en las puertas de Asunción.

En manos de Pizarro, Almagro y Mendoza

Primero se dividió el dilatado territorio conquistado por los adelantados en grandes porciones de tierra: para Pizarro, Almagro y Mendoza, el norte, el centro y el sur, respectivamente. Y, desde entonces, los publicistas paraguayos y bolivianos revisaron los archivos de aquellas reparticiones para resolver la problemática de a qué república le pertenecía el Chaco.

Los bolivianos arguyeron en su momento que en la Capitulación de Diego de Almagro del 21 de mayo de 1534 se precisaban los límites al norte y sur que le correspondían a dicho territorio. Sin embargo, el rey no había definido expresamente el límite oriental de Nueva Toledo. Lo que los defensores de los intereses bolivianos determinaron era una obviedad, por ser la línea de Tordesillas el límite final del territorio español al este.

En respuesta, los publicistas paraguayos determinaron que, si el rey no había fijado el límite oriental de Nueva Toledo, no era por la obviedad que representaba la línea de Tordesillas; es más, argumentaron que, según la capitulación de Pedro de Mendoza fechada el mismo día que la de Almagro, se le encargaba a Mendoza que protegiese el territorio español a lo largo de la línea divisoria que habían definido con los portugueses, lo que implicaría que los límites orientales de Nueva Toledo no alcanzaban al preciado Chaco Boreal. La réplica boliviana explica lo impracticable de una frontera que abarcara desde la actual Argentina hasta Guyana.

Aparece en escena la Real Audiencia de Charcas

Después de la repartición de las tierras y la llegada de cada vez más gente interesada en el nuevo mundo, se requirió de instituciones que fiscalicen y garanticen la aplicación de la justicia ibérica en aquellas lejanas regiones. Por eso y por la cercanía al rico cerro de plata de Potosí se creó la Real Audiencia de Charcas con base en el documento fechado el 22 de mayo de 1561. Dicho documento le daba como jurisdicción 100 leguas a la redonda; una delimitación algo ambigua de la que sacaron provecho los bolivianos para reclamar su derecho al Chaco. Dicho argumento pasó a reforzarse gracias a la incorporación de las tierras de Andrés de Manso y Ñuflo de Chávez a dicha audiencia a través de la cédula real del 29 de agosto de 1563.

La replica paraguaya se basó en lo impracticable de determinar los límites de una entidad judicial como la Real Audiencia de Charcas como válidos, ya que, según ellos, esta no poseía jurisdicción política. A su vez señalaron que las tierras de Andrés de Manso no conformaban parte del Chaco Boreal. Ante lo estipulado, los bolivianos respondieron con guante blanco, en especial Ricardo Mujía y Antonio Mogro Moreno, estipulando la amplitud de las funciones de las Audiencias.

“Las ordenanzas de cada audiencia y varias reales órdenes y cédulas les asignaban tareas variadas y de importancia. Eran parte integrante del juzgado de la santa cruzada, del juzgado de bienes de difuntos. Debían visitar la tierra, se les encargaba la inspección de las armadas, se les comisionaba para las ejecutorias, impuestos, alzadas, contrabandos y cuando se trataba de patrimonio real, intervenían en forma de junta con los Virreyes, oficiales reales y contadores, bajo la denominación de “Acuerdo general de Hacienda”.

Algunos hechos como la defensa del territorio (demostración de soberanía no judicial) realizados por la Real Audiencia de Charcas en la marcha del presidente audiencial Brigadier Pestaña en 1765 para expulsar a los portugueses de Santa Rosa y la liberación de la ciudad de La Paz el 30 de junio de 1781 por el ejército enviado por la Real audiencia de Charcas al mando de Ignacio Flores son argumentos de respaldo en la réplica boliviana.

Sobre si las tierras de Andrés Manso otorgadas a la Real Audiencia de Charcas correspondían al Chaco o no, surge una simple premisa: de qué lado del río Parapetí se encontraba Nueva Rioja, fundada por Manso. Si se encontraba al norte del río se suponía que el Chaco Boreal no estaba bajo la jurisdicción boliviana, y si estaba al sur de dicho río, significaba que sí.

Una guerra que enfrentó a Bolivia y Paraguay hace 87 años. Recreaciones posteriores como la película Boquerón de Tonchy Antezana la trajeron de vuelta.

Lastimosamente la Nueva Rioja fue quemada hasta los escombros, y la correspondencia que vagamente señala su ubicación no define con exactitud cartográfica dónde se encontraba la población.

Fronteras indígenas

Otro tema tratado mucho más por los bolivianos que los paraguayos es el de las fronteras indígenas. Estas eran las que separaban lo conocido y poblado por los españoles de los territorios en los que las tribus y naciones: Guaycurus, Lenguas, Tobas, Mbayas y otras habitaban y defendían del hombre blanco.

Mapa étnico.

En lo práctico, estas naciones indígenas eran las verdaderas dueñas y señoras del Chaco Boreal o lo fueron durante prácticamente toda la etapa colonial. Argumento que además alimentaron los bolivianos con una serie de mapas y correspondencia de autoridades paraguayas que designaban al río Paraguay como la frontera de la provincia. Además de encontrarse mapas oficiales en los que el Chaco Boreal no figuraba dentro de los límites de Paraguay, como el mapa de la creación de la provincia del Guayrá el 16 de diciembre de 1617 o el del informe del virrey Montes Claros en 1609.

El contra argumento paraguayo se constituye en las constantes expediciones e internaciones que realizaban en el Chaco Boreal para defenderse de las incursiones infieles, ya que eran de las pocas provincias que tenían concedido el permiso para ignorar las ordenanzas de Alfaro de 1611 que prohibían a los gobernadores la guerra ofensiva contra los indígenas fuera de los límites establecidos.

La provincia del Paraguay formó parte de las Provincias Unidas de la Plata, actual Argentina, y se separó en 1617, para retornar a su seno en 1663 tan solo para volver a separarse en 1672 cuando la breve vida de la Real Audiencia de Buenos aires se extinguió.

Durante estos periodos separados de la actual Argentina, Paraguay estuvo bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Charcas. El argumento paraguayo afirmaba que, pese a pasar a formar parte y separarse, tanto de la actual Argentina como de la actual Bolivia, el Chaco Boreal siempre formó parte de su territorio.

Ante todos los documentos, mapas, correspondencia, refutaciones, réplicas y demás, las negociaciones iniciadas en 1879 a raíz de las guerras del Pacífico y de la Triple Alianza que habían mermado el territorio de ambos países, el diálogo nunca encontró buena salida, porque tanto los plenipotenciarios bolivianos como paraguayos presentaban sus extensas investigaciones y sus títulos en regla, todos reales y válidos. Pero tan válidos que ninguno podía anular o ser jerarquizado encima del otro, por lo que llegar a un consenso, incluso con la ayuda de un árbitro como el presidente Rutherford B. Hayes o el rey Leopoldo II, fue extremadamente difícil. Y cuando se lograba algún acuerdo, las palpitaciones patrióticas en el pecho de los miembros del Congreso no permitían su aprobación.

Afiche de la película "Boquerón" del cineasta boliviano Tonchy Antezana.

El Chaco dejó de ser aquella frontera indígena impasable y comenzó a ser el escenario del choque de patrullas e internaciones de las fuerzas armadas de ambas partes, una mecha de pólvora encendida que amagó explotar en fortín Vanguardia y Laguna Chuquisaca estalló de manera definitiva en Boquerón en días como estos hace 87 años. Peleando por un Chaco que, al parecer, no tenía dueño.

(*) Álvaro Montoya es socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

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