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Textos de Juan José Toro Montoya* y fotos de la serie Vikings y archivo de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí

Lunes 12 de octubre de 2020.- El debate sobre Cristóbal Colón y el “descubrimiento” de América es caso cerrado. Son tantas las evidencias de que otros llegaron antes que él que ya no existe historiador serio que se juegue por la versión de que el genovés fue el primero en llegar a nuestro continente.

Y es que la versión clásica se cae hasta por el año. Tomando en cuenta la antigüedad de la raza humana, y su expansión por el planeta, 1492 es demasiado tardío ya que, antes de ese año, transcurrieron miles de años en los que sí, efectivamente, hubo contactos entre lo que todavía se considera viejo y nuevo continente.

En este artículo nos vamos a referir a los precursores de Colón más conocidos, los vikingos. 

POR EL VALHALA

Vikingo es un adjetivo que viene de “víkingr”, una palabra nórdica que se utilizaba para referirse a los guerreros escandinavos y, a fuerza de usarse, y debido a la fama que adquirieron con sus incursiones medievales a Europa, llegó a ser el equivalente a un gentilicio de los habitantes de Escandinavia y Noruega.

El mundo vikingo ha logrado interesar a buena parte de la población mundial debido a producciones cinematográficas y televisivas. Thor, que es uno de los personajes de “Avengers”, está inspirado en el dios homónimo de la mitología escandinava mientras que “Vikings” es el nombre de una serie televisiva canadiense/irlandesa producida para el canal History y disponible actualmente en la plataforma Netflix.

“Vikings” es presentado como un drama histórico aunque, en realidad, muchos de sus personajes son ficticios e incluso la familia protagonista, la de Ragnar Lodbrok, navega entre la historia y la leyenda. Además de la fascinación que los vikingos tienen por el Valhala —algo así como un paraíso para los guerreros—, algo que destaca en este producto para el entretenimiento es el interés que tenían estos escandinavos en navegar en busca de tierras desconocidas.

En la serie, varios de sus protagonistas, comenzando del propio Ragnar, parten sin rumbo fijo y siempre encuentran alguna tierra en su trayecto. Lo que hacen, primero, es saquear, pero después les despierta el interés por la colonización.

LOS ROJOS

En la quinta temporada de “Vikingos” aparece un personaje, supuestamente un ladrón, que adquiere protagonismo rápidamente: Erik Thorvaldsson, que salva la vida a Bjorn Ironside de las garras de Harald Finehair, cuando este se convierte en rey de toda Noruega. Este es el que mayor interés reviste para quienes habitamos en esta parte del hemisferio.

Como todavía resta por difundir la segunda parte de la sexta temporada, todo apunta que este Erik se convertirá en un personaje clave porque su destino es completar la expansión de los vikingos.

Erik o Eirík Thorvaldsson, más conocido como Erik el Rojo, probablemente por el color de su cabello, es un personaje histórico, célebre por haber colonizado Groenlandia, una gran isla ubicada en la zona nororiental de América del Norte, entre el océano Atlántico y el océano Glacial Ártico, que actualmente es una región autónoma perteneciente al Reino de Dinamarca.

Su historia figura en la “Saga de Eirík el Rojo”, una de las muchas “Sagas islandesas” que son obras fundamentalmente literarias, pero constituyen la principal fuente para los estudios de la colonización vikinga en América. La presentación de la edición digital de esa obra señala que “es una de las sagas islandesas del siglo XIII, de autor anónimo, en la que se narra el viaje de unos vikingos, entre ellos Eirík el Rojo, que parten desde Islandia y descubren Groenlandia y la colonizan. Más tarde viajarán hasta Vinlandia, lo que demostraría que los vikingos llegaron a América en el año 1000, unos cinco siglos antes que Cristóbal Colón”.

Su hijo, Leif Erikson, es quien, según la saga, se habría establecido en Vinlandia a la que le dio el nombre por su abundancia en vinos. Sin embargo, la misma saga hace referencia a un navegante anterior que habría llegado a estas tierras, Gunnbjörn Ulfsson, que habría avistado Groenlandia entre los años 876 a 932. No obstante, no llegó a desembarcar en ellas, pero quien sí lo hizo fue Snaebjörn Galti, quien partió en 978 hacia Groenlandia con la intención de establecerse allí. Las sagas refieren que fue asesinado. La siguiente expedición fue la de Eirík el Rojo, en 982. Las dos expediciones partieron a sabiendas del lugar que buscaban. La saga de Eirík dice que, antes de partir, “les dijo que pensaba buscar la tierra que vio Gunnbjörn, hijo de Úlf el cuervo, cuando fue arrastrado por el viento hacia poniente y encontró Escollos de Gunnbjörn”.

Pero estos datos no son nuevos. Ya en 1851, Mariano Eduardo de Rivero y Juan Diego de Tschudi publicaron en sus “Antigüedades peruanas” que “hace doce años que el secretario de la Sociedad de anticuarios de Copenhágue, Don Carlos Christian Rafa, describió, según manuscritos escandinavos publicados en las antiquitates americanae, los primeros viages que hicieron á la América los Escandinavos en los siglos décimo y undécimo que consignó probablemente en el siglo duodécimo el sabio obispo Thorlak Runolfson, autor del mas antiguo derecho eclesiástico de Islandia, y biznieto de Thorfinn Karlsefne, que acaudillaba una de las mas considerables expediciones dirigidas al hemisferio occidental”.

Grabado en el que se representa a Erik "El Rojo".

En el índice de su obra, estos estudiosos incluso proporcionan un listado de las expediciones vikingas con los nombres de quienes las encabezaron: 1) Bjarne Herjnifson, 2) Leif Erikson, 3) Thorwald Erikson, 4) Thorstein Erikson, 5) Thorfinn Karlsefne y Snorri Thorbrandson, 6) Helge y Finneboge, 7) Are Marson, 8) Bjoern Asbrandson y 9) Gudleif Gudlaugson. “Nos consta, que en el año 1121 pasó á Vinland el obispo groenlandés Erik; mas nada sabemos de un modo posi tivo relativamente al tiempo que moró allí, como tampoco al estado de esas colonias, ni á su extensión, ni á su grado de progreso ó decadencia”, agregan.

Entonces, Los vikingos coronan el sueño de Ragnar Lodbrok y llegan más lejos que ningún otro pueblo de su tiempo.

“Las colonias escandinavas en estas tierras fueron prósperas —apuntan los Mesa—. Ya en el siglo XI se contaba en ellas con granjas, iglesias y monasterios. El tráfico entre las nuevas tierras y las tierras nórdicas del antiguo continente fue intenso, al decir de las crónicas del siglo XII. Pero, poco a poco, estas colonias fueron decayendo; en el siglo XV ya se habían extinguido, pues el último obispo de Groenlandia murió en 1385”.

Rivero y Tshudi también mencionan las teorías de Manase ben Israel, Gregorio García y Adair, quienes afirman que los habitantes de América son descendientes de los israelitas. “Entre otras merece particular mención la que atribuye el origen de las razas americanas á las tribus componentes del antiguo reino de Israel, esto es las nueve y media tribus vencidas y conducidas cautivas á Samaria, mientras aún permanecían en el reino de Judá y en las ciudades en la orilla opuesta del Jordán, las tribus de Judá, Benjamin y la mitad de la tribu de Manase”, señalan.

Como se ve, hablamos de siglos, generaciones que viajaban entre uno y otro continente mucho antes de que se escuchara hablar de un marino llamado Colón.

Tiempos inmemoriales

Después de una polémica de décadas, los historiadores ya acordaron que el origen del hombre americano está en las oleadas migratorias que pasaron a lo que hoy es América a través del Estrecho de Bering. Mucho antes de llegar a esa conclusión, Mariano Eduardo de Rivero y Juan Diego de Tschudi publicaron que “no concuerdan entre sí los autores, que atribuyen una estirpe hebrea á las razas americanas, en lo concerniente á la entrada de los Israelitas en el Nuevo Mundo: unos opinan que llegaron directamente de oriente á occidente, estableciéndose en la parte central y meridional de este hemisferio; pero los mas piensan, que atravesaron la Persia, la frontera de la China, y entraron por el estrecho de Behring en el continente occidental”. 

En las crónicas coloniales existen indicios de que también los españoles conocían de la existencia de este continente mucho antes de los viajes de Colón.

Gonzalo Fernández de Oviedo, que fue nombrado “primer cronista de las Indias recién descubiertas” por el emperador Carlos V, publicó hacia 1535 el primer tomo de “La historia general de las Indias” que refiere que Aristóteles ya describió tierras lejanas más allá del mundo conocido, las islas Gorgades y Hespérides, que habrían sido descubiertas por los cartagineses en tiempos que ya se podrían medir en milenios.

Según esta versión, los cartagineses prohibieron la difusión de su hallazgo porque creían que los que dominen esas tierras tendrían riquezas para dominar el mundo entero.

(*) Juan José Toro es past presidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

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